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jueves, 4 de noviembre de 2010

Bourdieu como cura de humildad


Bourdieu interpreta las corrientes y dinámicas del campo filosófico (contemporáneo) como producto de su aislamiento y vinculación con la scholé. Este aislamiento social y los rasgos propios de la institución escolar-académica producen un distanciamiento intelectual respecto al mundo que se refleja incluso en las corrientes utopistas de los filósofos o intelectuales “comprometidos” de los años 60 y 70. “Los efectos del aislamiento escolástico, multiplicados por los de la elección escolar y la cohabitación prolongada de un grupo socialmente muy homogéneo, por fuerza han de propiciar un distanciamiento intelectualocéntrico respecto al mundo (…)” (pp. 60-61). El modelo de pensador total y comprometido que por ejemplo quiso ser Sartre es analizado por Bourdieu y revelado en cuanto constructo de un habitus específico propio de un campo social específico (el de la filosofía). Desde luego, Bourdieu no oculta su antipatía en relación con lo que él denomina “el juego filosófico” (p. 61) y apuesta, como es lógico, por un análisis científico (sociológico) de dicho campo-juego como elemento de liberación, porque así se liberaría hasta cierto punto al pensamiento de sus determinaciones inconscientes (en cuanto producto de un habitus), haciéndolas conscientes y garantizando una mayor agudeza en la pesquisa por la verdad y por tanto el mejor logro del objetivo de la filosofía. Pretende que la filosofía se entienda como social, más aún que lo señalado por la idea tradicional de un contexto histórico-social que condicionaría al pensamiento. No se trata de analizar para revelar condicionamientos sociales, sino, más aún, de analizar (científicamente) para revelar la naturaleza social del pensamiento; de hacer ver lo social como elemento constituyente del pensamiento aun en sus formulaciones más distanciadas y formalmente ahistóricas.

Así, Bourdieu arremete contra el ideal de pureza descriptiva de la fenomenología y, como hemos dicho, contra el tipo sartreano de filósofo, del mismo modo que contra ciertas corrientes postmodernas que también obedecerían, según él, a un habitus de intelectual. También critica todo fetichismo de los textos puros o canónicos, mostrando el carácter social de la elección de los mismos. En esto, y en otros momentos, Bourdieu parece apuntar con simpatía a los análisis de Foucault, al que, sin embargo, también cuestiona por su pathos causal-explicativo. Porque Bourdieu señala que la causalidad lineal de las explicaciones propia de la modernidad y su tendencia a los pares de opuestos es eso, modernidad dentro de la postmodernidad. Este pathos moderno es originado históricamente y hay que detectarlo porque en ocasiones ciega para comprender y analizar cosas complejas y poliédricas como es la propia sociedad (el espacio social).

Además, dice: “Puntillosos defensores de su monopolio de la historia de la filosofía, así liberada de la ciencia histórica, los sacerdotes del culto filosófico someten unos textos canónicos eternizados por el olvido del proceso histórico de canonización del que son fruto a una lectura deshistorizante que, sin siquiera tener necesidad de afirmar la creencia en la irreductibilidad del discurso filosófico a cualquier determinación social, deja de lado todo lo que relaciona el texto con un campo de producción y, por medio de él, con una sociedad histórica” (p. 63). Este olvido que absolutiza las obras deshistorizándolas es detectado por Bourdieu en Kant, Hegel y Heidegger. “Más allá de sus diferencias, comparten la aniquilación de la historia, en cuanto tal, haciendo coincidir alfa y omega, arché y télos, pensamiento pasado con pensamiento presente que lo piensa mejor de lo que se pensó a sí mismo, (…) (p. 63). Lo que Bourdieu detesta es toda liturgia de la lectura, todo embalsamamiento o búsqueda del fundamento u origen (Heidegger) y toda filosofía de la historia (Hegel). Pero todo ello en la filosofía es a su vez producto de lo que denomina más ampliamente el “error escolástico”, del que nos ocuparemos con más detalle, siguiendo lo que expone en su libro Meditaciones pascalianas, en un próximo post.