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martes, 16 de noviembre de 2010

La espaciosidad de lo real

Ignacio Ellacuría expone, en el capítulo de la obra que estamos comentando dedicado a la materialidad de la historia, la concepción zubiriana de espacio y tiempo. Lo que caracteriza a dicha concepción es la huida de todo substantivismo a la hora de entender el espacio o el tiempo. Así, Zubiri habla de lo espacioso de las cosas, es decir, de que éstas son espaciosas, por lo que lo que denominamos espacio sería una suerte de cualidad de las mismas. “La espaciosidad es, precisamente, aquella propiedad de las cosas por la cual tienen que ser espaciales; es algo que las cosas materiales tienen en propio” (p. 69). Esta cualidad se da por el hecho de que las cosas son, recordemos, “notas de”, es decir, elementos en un sistema constructo en el que ocupan una posición respecto a las demás y son “respectivas”, o sea, vertidas a las demás. Porque “Toda realidad intramundana está en tensidad, en dinamismo respectivo” (p. 69). Esta “tensidad” es, por tanto, extensidad – extensión. Así, el espacio es estructura dinámica de cosas en respectividad. Hay regiones en el espacio, pero no se puede hablar de distintos espacios. La regionalización se va dando procesualmente como momentos estables, como una estabilización dentro del proceso y el dinamismo. Si lo entiendo bien, es como si el espacio tendiera a cristalizar pero sin suprimir nunca su potencial dinámico que puede producir una evolución hacia otras configuraciones. Hay, pues, positivas diferencias cualitativas (no cuantitativas) de los distintos espacios que, sin embargo, nunca dejan de ser un espacio. No es algo que simplemente se ocupa, sino una manera de estar las cosas, que, por ejemplo, en hombre y animales adquiere la característica de interioridad. Así, “La realidad humana no es algo que es sólo un ‘dentro’, sino que es otro tipo de espaciosidad: es la interioridad. Es ‘de suyo’ más interior que la realidad puramente corpórea; es más realidad desde el punto de vista ‘modal’. La interioridad humana es así no sólo un nuevo modo de realidad, sino un modo nuevo de estar en el espacio, pero esta interioridad, posibilitada por un proceso previo de interiorización, nos hace ver que los propios animales tienen un modo de estar en el espacio, que ya no es el mero ocuparlo” (p. 71). Así, los distintos dinamismos espaciales (configuraciones) se contienen, de manera que, como es típico en la cosmovisión zubiriana y ellacuriana, lo superior contiene lo inferior sin suprimirlo, ni tampoco reducirse a ello, como es el caso del dinamismo de la historia en lo que tenga de espacial  (lo espacioso de la historia) que no anula, sino que integra, las espacialidades inferiores. También, “El modo de realidad propio del hombre sigue siendo espacioso; rompe los límites de la propia definición espacial y aun de la definición misma del cosmos, pero desde esos límites. La apertura del hombre es una apertura sentiente, sostenida y condicionada por los propios límites orgánicos, que nunca puede abandonar” (p. 72).
Lo que hay en el hombre de “dentro” y de “fuera” es una característica espacial que deriva, como hemos dicho, en fenómenos como la interioridad o la intimidad. No se trata de un lugar concreto interior oculto, sino del carácter de suidad propia expresado espacialmente en la respectividad espaciosa trascendental o general. “(…) la intimidad no es la suidad sin más, sino la suidad actualizada en el respecto de lo espacioso, en cuanto algo propio opuesto a lo otro que está fuera de sí y ante el que se hace presente” (pp. 72-73). En relación con el hombre, por cierto, al hablar de ex – tensión o espaciosidad no se refiere Zubiri o Ellacuría a un abandono, ni a un impedimento, sino, eso sí, a unos límites que sin perder su rango de límites, posibilitan sin embargo toda realización humana. Toda realización humana tendrá, por tanto, un carácter espacial (espacioso) (p. 73). Aquí reluce, una vez más, en anti-idealismo típico de ambos autores.
Así pues, el espacio no es algo apriórico o subjetivo, frente a Kant. “(…) las cosas materiales tienen en sí mismas la propiedad de ser espaciosas y esta propiedad real es lo que hace real el espacio físico. El espacio no es una cosa como las demás cosas materiales, pero es una realidad material” (p.73). Su carácter procesual tampoco deja que lo entendamos como mera taxis, como ordenación, sino, que es estructura posicional relativa a la propia realidad en un conjunto procesual que es el cosmos. De nuevo, en relación con el hombre: “Cada tipo de realidad necesita de su propio espacio y la realidad humana evidentemente necesita de formas muy peculiares de espacio; pero estas formas no son posibles sin esas formas más elementales que acompañan a cualquier realidad material” (p. 75).