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sábado, 6 de noviembre de 2010

Combatir a la razón desde la razón.

La ilusión universalista que denuncia Bourdieu es la que produce por un lado el desprecio por lo vulgar y, por otro, el amor vaporoso y abstracto a la humanidad que elude la fricción con los hombres reales. De un modo que recuerda a Foucault, autor caro a Bourdieu, éste señala que dicha ilusión obedece a un universo social que, históricamente, produjo la autonomización de microcosmos sociales basados en el privilegio (p. 105). Con dureza, Bourdieu declara: “(…) en la medida en que resulta posible gracias al privilegio, un privilegio que se ignora, la razón contiene en sí la virtualidad de un abuso de poder (…) es a la vez fuente de beneficios materiales y simbólicos e instrumento de dominación y legitimación” (p. 106). Su ventaja es prestar un velo de neutralidad y universalidad a lo que no es sino la más absoluta particularidad, es decir, hacer que lo arbitrario se presente como universal. Esto es achacado por Bourdieu a la filosofía tanto de Rawls como de Habermas (p. 107). Asimismo, la escuela es el producto de la nueva nobleza, la nobleza del estado burgués, que se ampara y justifica en méritos académicos y títulos. La escuela, en este sentido, sirve a la sociodicea (la justificación de la estructura social vigente). “El mito del ‘don natural’ y el racismo de la inteligencia ocupan el centro de una sociodicea, vivida íntimamente por todos los dominantes, más allá de las diferencias en los compromisos éticos o políticos proclamados, que erige la ‘inteligencia’ (medida escolarmente) en principio supremo de legitimación y ya no imputa la pobreza y el fracaso –en una civilización de los ‘resultados’, en la que hay que tener éxito en todo- a la pereza, la imprevisión y el vicio, sino a la estupidez” (p. 108).
La manera de liberar de su círculo a la razón, de su ensimismamiento olvidadizo, es el recurso bourdieusiano a la sociología de la scholé y de los intelectuales. En esto, decíamos hace unos días, Bourdieu aunque lo parezca no puede ser acusado totalmente de relativista, ya que aspira a una purga de los velos que cubren a la razón para que ésta muestre, verdaderamente, su efectividad. Quizás esto puede parecerse a la labor que el psicoanalista emprende con el psicoanalizado, que se resume, como es bien conocido, en hacer consciente ciertos elementos que permanecían inconscientes, invisibilizados por una conciencia que renuncia a verlos. Hasta cierto punto, el dinamismo purgatorio de Bourdieu persigue algo semejante. En general, los aspectos materiales de la razón que son en realidad toda la razón en las filosofías materialistas, pueden ser hechos conscientes o visibilizados con la ayuda de algunas ciencias y métodos de análisis científicos. Pienso en el marxismo, por ejemplo, pero también en la filosofía (zubiriana) de la liberación de Ellacuría que elude el vuela de la razón idealista mediante un sensato estar en el terreno donde se produce la propia razón, que es lo histórico, que a su vez procede de lo social, de lo biológico y de la materia. Entiendo a Bourdieu filósofo como un ejemplo más de esta corriente que en el pensamiento francés se relaciona con los grandes sociólogos (sobre todo Durhkheim, a quien cita a menudo, no tanto Comte).
Así, Bourdieu combate el fetichismo de la razón que además relaciona con la dicotomía entre teoría y práctica. Un pensamiento teórico en el sentido de ajeno a la práctica incurre en el pathos escolástico al que tanto se refiere el sociólogo francés. Este pathos subyace, por tanto, al modelo de pensamiento absolutamente teórico, a juicio de Bourdieu, de Husserl o Heidegger. Por el contrario, “Mediante oposiciones como la de la teoría y la práctica todo el orden social está presente en el pensamiento de dicho orden” (p. 111). Por eso, las ciencias sociales y antropológicas, sin pretender ponerse ellas de fundamento y absolutizarse, sí deben “(…) esforzarse por conocer unos modos de conocimiento y por conocerlos históricamente, historicizándolos, al someter a la crítica histórica el conocimiento que les aplican”. O sea, deben aplicarse también a ellas su propio cuento. A diferencia del enfoque antirracionalista de Foucault, como decíamos, Bourdieu apuesta claramente por una liberación de la razón por medio de la razón. Esto forma parte de toda una lucha política, en la que el francés se implicó a fondo: “La conciencia y el conocimiento de las condiciones sociales de esta especie de escándalo lógico y político que es la monopolización de lo universal indican de forma inequívoca los fines y los medios de una lucha política permanente por la universalización de las condiciones de acceso a lo universal” (p.112).