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lunes, 29 de noviembre de 2010

Puntualizaciones sobre historia y naturaleza

Analiza Ellacuría al marxismo para poner de relieve cómo en el trabajo humano y en la mercancía existen un trasfondo social, que es el descubrimiento esencial de Marx en relación con el fetichismo de la mercancía, pero también aparecen elementos naturales. Bien es cierto que lo que se da es una relación natural (con la naturaleza) pero altamente mediatizada por la sociedad, de manera que necesariamente se da en un nivel de socialidad, como aglomerado de relaciones sociales. “La historia se enlaza aquí de manera estrechísima con la naturaleza; se trata de una historización de lo natural y, a su vez, de una naturalización de la historia. Efectivamente, en la mercancía queda objetivado, naturalizado y materializado, lo que son formalmente las relaciones sociales e históricas; pero, a su vez, estas relaciones sociales e históricas surgen de determinadas tendencias naturales que se han historizado de formas diversas” (p. 157). Así se muestra también en el análisis del trabajo como trabajo necesario (demandado por la naturaleza y el necesario intercambio o reelaboración productivos de la misma para la supervivencia) y el trabajo que se da tras pasar esa frontera invisible en toda jornada laboral en la que se genera una plusvalía que trasciende lo producido para amortizar el sueldo y que pasa a ser propiedad del capitalista. Este trabajo suplementario no es algo puramente natural que responde a necesidades naturales y a la mera supervivencia, sino que es un hecho social que depende de unas relaciones concretas y divisiones entre los hombres, la división entre propietario de capital y medios de producción y asalariados. Aquí tenemos que en la misma actividad, en apariencia, se da algo eminentemente natural y algo, en el segundo caso, eminentemente social que requiere un tratamiento y análisis social y económico. Estudiando cómo se dan mezclados ambos tipos de trabajo tenemos una pista, nuevamente, para entender la estrecha interacción entre lo natural y lo social. “Así, aunque el trabajo necesario y el trabajo suplementario (propiamente el tiempo de trabajo necesario y el tiempo de trabajo suplementario) no se relacionen simplemente como naturaleza e historia, sirven para mostrar, y no de forma arbitraria o puramente metafórica, cómo se da una interacción y una interdeterminación entre ambas” (p. 159). Así pues, los fenómenos económicos son relaciones entre individuos y clases sociales, en primer lugar, pero no por eso dejan atrás la naturaleza que sin intervenir esencialmente en el valor de la mercancía, está presente en ella.

Todo trabajo entendido como manipulación de la naturaleza (en uno de los sentidos que hemos dicho, en el aspecto más “natural”), implica un tipo de inteligencia que piensa con las manos. El hombre tiene un sentir intelectivo que incluye el hacer. Se trata de que sabemos haciendo, como una misma operación en la que se mezclan homo sapiens y homo faber (p. 161). Este hacer del hombre es denominado hacer real y no meramente estimúlico, como el de los animales. El hombre se hace cargo de su situación y en este hacerse cargo establece una relación técnica con su realidad. “La viabilidad de la vida amenazada por el medio sólo la logra el hombre haciendo que esa vida ya no sea puramente biológica” (p. 162). De nuevo, aquí tenemos una superación de lo natural que se eleva a otro nivel que, sin embargo, no elimina lo natural. “Aquí también el trabajo y la técnica está radicados en lo que tiene de biológico y natural, aunque la modulación del trabajo y de la técnica tengan un carácter metabiológico, que se apoya en el carácter intelectivo de la sensibilidad humana” (p. 162). Esto ocurre así porque el hombre tiene una inteligencia sentiente, según la conocida noción zubiriana, que no se limita a percibir, sino que implica un hacer al que envuelve, lo que produce que el hombre utilice instrumentos, como cristalización de esta forma de relación con la naturaleza propia de sapiens y de faber. Hay, pues, una necesidad biológica de hacerse cargo de la realidad que sitúa al hombre en un tipo de relación y nivel más allá de lo meramente estimúlico de los demás animales. Por el trabajo, así entendido, se libera la vida humana, se puede decir que asciende. Y a esto se suma, como decíamos al principio, todo el entramado social que envuelve al trabajo y que analiza por ejemplo Marx. El trabajo será, ambiguamente, fuente de dominación, pues su función como saber e instrumentos es esa, pero también de liberación de la vida humana allende la animalidad. Es decir, aparece lo histórico como propio del hombre, como un nuevo nivel que incluye a lo natural, por lo que difícilmente podemos hablar de historia en la naturaleza como tal, ya que lo que ocurre en ella aun siendo semejante en apariencia, como es la evolución, no es, propiamente, historia. Del mismo modo, no puede hablarse de una dinámica natural evolucionista en la historia humana, porque dicha dinámica es sólo de lo natural en cuanto tal (pp. 165-170).