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Mostrando entradas de febrero, 2010

Subjetivismo en la modernidad

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Nietzsche y Feuerbach son dos episodios fundamentales en la continuación del giro antropológico iniciado con la modernidad. Es decir, para  comprender la metafísica, la ética, la religión o incluso la ciencia, se hubo de posar la mirada en el sujeto que las posibilita. Es a partir del mismo como se plantea la fundamentación de los valores, y, en este sentido, Nietzsche obedece a este impulso aunque su filosofía del martillo acaba dinamitando también al sujeto. Ya en el siglo XX se ha proseguido con esta disolución del mismo que empezara a realizar el método genealógico nietzscheano y que ahora han concluido por un lado las ciencias (sociología, antropología, biología) y por otro lado la misma filosofía (estructuralismo, Foucault, etc.). Se ha golpeado, pues, al narcisismo antropológico que ha hecho del hombre centro y generador de su universo en la modernidad (Descartes), comprendiéndolo, al contrario, como producto y predicado del universo o de su propio mundo de la vida (hermenéutic…

Ante el nihilismo

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El nihilismo en sus distintas vertientes nos conduce a un desfondamiento de la realidad en el sentido de que todo pierde sus fundamentos metafísicos, desde los valores a la propia ciencia. Se da, en consecuencia, una concepción relativista en lo moral que conecta con muchos de los actuales planteamientos postmodernos. Los valores pierden su objetividad y su antigua fuerza que los vinculaba a una verdad que, también, deja de serlo en un sentido fuerte y universalista. El mundo y las distintas teorías que lo explican, desde la religión a la ciencia, parecen disolverse y sólo queda la alternativa nietzscheana del presentismo, es decir, el único valor que permanece precisamente a causa del derribo nihilista, el valor del instante. Así, Nietzsche nos remite a una concentración del tiempo, con su teoría del eterno retorno, en el presente plano, el instante en cuya máxima concentración el individuo puede afrontar la vida con lo que tiene de doloroso y sin negar este aspecto tenebroso. El bri…

¿Qué hacer cuando todo se derrumba?

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Ante la tentación del pesimismo, uno debe preguntarse: “¿Es suficiente propugnar valores inmanentes y subjetivos para dar sentido a la propia existencia? Si la contingencia es percibida como indigencia, es que la inanidad que nos sustenta es vivida como una nada que “nadea” y disuelve todo lo que toca. En este sentido, tiene razón creer que somos, como afirma el budismo, simples sombras o vana ilusión. Nietzsche criticó este pesimismo o nihilismo pasivo. Su propuesta fue, como es sabido, una existencia con sentido en sí misma y sin trascendencia, que en su afirmación inmanente encara el acecho de la nada y el sinsentido. La nada hace acto de presencia en el método genealógico nietzscheano, absorbiendo la objetividad de los valores y de las propuestas tradicionales de sentido o fundamento. Pero podríamos creer que todo acabe siendo disuelto en ella y tendría plausibilidad el universo budista de fantasmas y sueños por encima de las trascedentalidades valorativas y subjetivas de Zaratust…