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Mostrando entradas de abril, 2010

Bourdieu IV: La escuela y los intelectuales.

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El análisis de la institución escolar que lleva a cabo Bourdieu puede sorprender porque desmiente grandes malentendidos en torno a ella. Lejos de ser un campo en el que se corregirían las desigualdades sociales y que fomentaría la justicia social a partir de una meritocracia equitativa, la escuela resulta ser, según el sociólogo francés, todo lo contrario. En la escuela, como producto moderno, se consagra la segregación y la jerarquización propia del sistema de clases, en función de los orígenes sociales y familiares. El habitus específico y el capital simbólico con el que un niño llega a la escuela, y que ha aprendido con la educación familiar fundamentalmente, influye en su evolución durante el periodo de la escolarización, en la configuración de su habitus tras el periodo escolar, en función de lo ajeno o no ajeno para él del capital simbólico (cultural) que se encuentra como arbitrariedad propia de la escuela. A la hora de acceder a distintos niveles, más que en el éxito dentro de…

¿Bourdieu filósofo?

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Bourdieu entronca con una tradición epistemológica que en el pensamiento francés se ha preguntado por las condiciones históricas de la racionalidad científica. Esta tradición nos remite a Comte y Durkheim y podemos quizás hacerla extensiva hasta Foucault. Esta veta se contrapone a otra que apunta a “las condiciones ontológicas que hacen posible el acontecer de la significación”. Aquí ubicaríamos por ejemplo a Sartre, Marcel, Merleau-Ponty hasta Ricoeur. Según los editores del libro “Pierre Bourdieu y la filosofía”, que estoy leyendo, la primera línea se caracteriza por asumir un análisis riguroso de tipo científico del objeto, frente al afán de radicalidad que aproxima a los autores de la segunda línea a lo artístico y literario. En estos se da una apuesta por la fenomenología que busca las estructuras fundamentales de lo óntico, es decir, ir de lo óntico a lo ontológico, por lo que la historicidad es algo que aunque se asume, se intenta trascender (Sartre, Heidegger). Buscan, por tan…

Pierre Bourdieu II

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La teoría sociológica de Bourdieu se distancia del formalismo típico del estructuralismo, incluido Foucault, entendiendo que la configuración de un campo, como el literario, obedece a una historia de conflictos y oposiciones que explica que dicho campo llegue a adoptar una supuesta singularidad y a funcionar según reglas internas. Hay un mayor peso de lo histórico en Bourdieu, frente a cierta hybris racional-universalista que permanece activa incluso en la arqueología del saber de un Foucault. Así, en el plano de la estética, por ejemplo, el lema del arte por el arte nos puede confundir y hacer olvidar la necesidad que siempre existe de historizar los movimientos en la sociedad. Hay unas determinaciones de tipo externo en lo que en principio se presenta como ámbito clausurado que sólo responde a sus condiciones internas formales. Así, Bourdieu también se distancia del formalismo ruso y de planteamientos de tipo fenomenológicos que él tacha de platonizantes y fetichistas de las esencia…

Pierre Bourdieu I

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Pierre Bourdieu desarrolla una sociología de conocidas consecuencias para la pedagogía (consecuencias a las que dedicaremos un próximo post). Pero lo que ahora interesa destacar, como preparación para ello, es la filosofía de la que parte su sociología. He podido comprobar en lecturas recientes que existen algunas cuestiones sumamente interesantes en su planteamiento. Así, hay en Bourdieu una crítica a la modernidad y acaso un prurito deconstructivo que me ha parecido que lo aproxima a Foucault, aunque él mismo señala que se aleja del estructuralismo de las formas y los símbolos. No hay tanto fuerzas o relaciones de fuerzas, sino puras relaciones en distintos campos. Los individuos se definen siempre en la distancia, relativa, con otros objetos, frente a una idea sustancialista del espacio, de la posición absoluta en el espacio. Entre las personas y grupos hay afinidades y, al mismo tiempo, oposiciones. Así, Bourdieu se esfuerza también en derribar las concepciones sustancialistas en …

Dewey y Rousseau.

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Para Dewey la educación debe aspirar a facilitar comportamientos según fines del propio educando y que no sean, por tanto, fines ajenos y externos. Además de este requisito, en la obtención de fines ha de darse una actividad ordenada y consciente, es decir, ha de desarrollarse un  proceso. Es preciso para ello una inteligencia de tipo instrumental capaz de determinar los medios adecuados para un fin. El “espíritu”, en palabras del propio Dewey, es aquello capaz de establecer relaciones temporales y trayectorias. Así, para el norteamericano la inteligencia es una suerte de iluminación que anticipa, observa, organiza y conecta la experiencia. Se da, por tanto, inextricablemente con la manipulación de la realidad. Es un saber, podríamos decir, manipulador que parte del conocimiento previo. La aplicación de esta concepción a la pedagogía es clara: hay que partir de la experiencia del alumno que se va reconstituyendo a lo largo del proceso de forja de planes para la obtención de fines prop…

John Dewey III

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John Dewey extrae de sus concepciones filosóficas y antropológicas unas consecuencias pedagógicas que lo sitúan como uno de los pedagogos más interesantes del siglo XX. Intenta hacer de la educación del niño una experiencia en el sentido que él le da a este término. Es decir, un proceso en el que el niño está interesado por el objeto de aprendizaje y que se da a la manera de un tanteo similar al del científico con su materia. Esto se opone a teorías como la de Herbart que entienden la formación como algo externo al interés y tanteo experimentales que muestra a priori el niño. Es decir, Dewey, frente a Herbart, cuestiona la enseñanza como algo que opera desde fuera. Según Herbart, el objeto de la educación es el desarrollo de unas facultades que deben ser entrenadas mediante la presentación de los materiales educativos apropiados. Así, Dewey reconoce en Herbart el mérito de haber dotado a la labor de enseñar de método consciente y de esfuerzo por hallar unos procedimientos educativos m…

John Dewey II

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John Dewey tiene la virtud de haber sido el filósofo del último siglo que ha hecho de la educación un problema central para la filosofía, al estilo de notables precedentes como Platón o Rousseau. Forma parte de una tradición que desde el siglo XVIII, ante el avance de una nueva mentalidad ilustrada y la resistencia de la nobleza, vio en la educación el modo de extender la filosofía y de filosofar, propiamente, al unísono con el cambio social. En esta onda, más adelante incidiremos en esta ideología pedagógica que se ramifica en una versión institucional que se halla en el origen de los sistemas educativos contemporáneos, y otra que apela a la naturaleza, más allá de los intereses nacionalistas y estatales de la pedagogía llevada a cabo por los nuevos estados burgueses. Así, Dewey es el filósofo/pedagogo de la moderna democracia, de la que destaca sus bondades y a la que define frente a las revueltas oligárquicas dentro de la sociedad. Pretende, en este sentido, una cierta nivelación s…

Democracia y educación, de John Dewey I

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En el libro Democracia y educación, John Dewey desarrolla una introducción a la filosofía de la educación (como expresa el subtítulo del mismo) que es muy recomendable leer para, al hilo de sus argumentos, pensar la educación. El principal punto de partida de su teoría es la noción de “experiencia”, que implica el tanteo comunicativo con su “medio ambiente” por parte del individuo, que contribuye, a su vez, a rehacer el mismo. La vida humana, individual y social, es esa actividad experiencial continua que no se ciñe a un solo estadio de la misma (infancia, por ejemplo). Este trasiego comunicativo en que consiste la experiencia humana es, propiamente, lo educativo. Vivir, por tanto, es sinónimo, para Dewey, de educar-se. Dicho esto, Dewey participa de un cierto evolucionismo por el que las sociedades primitivas son superadas en la sociedad compleja de corte democrático, que es la que posibilita una experiencia más útil. El valor que rige, por tanto, todo lo humano es la utilidad (adapt…

Creacionismo sin creador

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Para Heidegger el Dasein se halla en la existencia fácticamente, como en un estar arrojado, sin razón ni sentido por el que este estar arrojado pueda ser interpretado. A partir de esta experiencia, el hombre (Dasein) puede proyectar y anticipar su propia muerte, gracias a lo cual reconoce su finitud y su nulidad radical. Esta es, de hecho, la mayor posibilidad, según el filósofo alemán, para el hombre y el máximo ejercicio de su libertad. Este nihilismo es, creo, irrefutable a menos que, como señala Löwith, abandonemos el cauce de la modernidad en el que este autor ubica, a pesar de todo, a Heidegger. Este discípulo crítico de Heidegger, señala, sin embargo, otros modos de enfocar tanto la existencia como la nada, pero lo específicamente heideggeriano (Löwith dice literalmente “en el existencialismo moderno”) es que “la nada ya no es sólo ausencia de ser o contraste con el ser, sino que pertenece esencialmente al ser en cuanto tal”. Heidegger invierte los términos y considera que de l…