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Mostrando entradas de noviembre, 2010

Puntualizaciones sobre historia y naturaleza

Analiza Ellacuría al marxismo para poner de relieve cómo en el trabajo humano y en la mercancía existen un trasfondo social, que es el descubrimiento esencial de Marx en relación con el fetichismo de la mercancía, pero también aparecen elementos naturales. Bien es cierto que lo que se da es una relación natural (con la naturaleza) pero altamente mediatizada por la sociedad, de manera que necesariamente se da en un nivel de socialidad, como aglomerado de relaciones sociales. “La historia se enlaza aquí de manera estrechísima con la naturaleza; se trata de una historización de lo natural y, a su vez, de una naturalización de la historia. Efectivamente, en la mercancía queda objetivado, naturalizado y materializado, lo que son formalmente las relaciones sociales e históricas; pero, a su vez, estas relaciones sociales e históricas surgen de determinadas tendencias naturales que se han historizado de formas diversas” (p. 157). Así se muestra también en el análisis del trabajo como trabajo …

Especie, azar y necesidad.

Dentro de los fundamentos biológicos de la historia, la especie, el pertenecer a una especie viva, va a tener una enorme importancia en el sistema filosófico de Ignacio Ellacuría, siguiendo en esto también a Zubiri. Esto tiene repercusiones en la comprensión de la persona que elaborarán ambos filósofos y, en definitiva, de la realidad histórica como ámbito propio de lo animal-personal humano. Incluso la individualidad viene cubierta de caracteres de especie, porque “En razón de este esquema constitutivo común y recibido por comunicación hay una como unidad coherencial por la que todos los individuos de la misma especie están vertidos los unos a los otros” (p. 117). Más precisamente, lo que hay es una versión de cada uno sobre los demás junto con una “refluencia de los demás sobre cada uno” (p. 117). Hay pues una síntesis de diversidad y de continuidad al mismo tiempo que viene dada por la base específica del hombre. Esto implica que no puede entenderse la permanencia como fijeza, sino…

El fundamento biológico de la historia I

El libro Filosofía de la realidad histórica de Ignacio Ellacuría sigue el orden (ascendente) de los niveles de realidad, hasta llegar a la historia. Dentro de esta superación que culmina en lo humano histórico, es de notar que, fiel al planteamiento zubiriano, los niveles inferiores constituyen a lo superior sin que esto dé pie a un torpe reduccionismo como ha sido el caso en algunos materialismos en la filosofía. Así, que la historia incluya lo biológico no debe obligarnos a un reduccionismo biologicista que extrapole a la historia lo propio del nivel de la materia viva orgánica y las dinámicas específicas de la vida vegetal o animal. No se trata de entender la historia como un macro organismo, sino como algo diferente que, sin embargo, no anula su componente biológico. “Lo social y lo histórico tienen una peculiaridad que sobrepasa la consideración biológica como lo vital tiene una peculiaridad que sobrepasa la consideración mecanicista. Lo importante y lo difícil es enfrentar cada …

"La sociedad es Dios", Bourdieu dixit.

En la última parte de su libro Meditaciones pascalianas, Pierre Bourdieu aborda la diferente relación con el tiempo por parte del agente social, según su posición en el espacio social y su habitus. Por ejemplo, la visión del tiempo de los relojes, como un a priori formal, el tiempo-cosa, es propio del punto de vista escolástico. El distanciamiento objetivizante propio del habitus de las scholé ha producido un tiempo objetivo, como marco vacío, divisible en unidades iguales, sin contenido y cuantificable. Es el tiempo del laboratorio y de la ciencia cartesiana que mide y segmenta la realidad. Frente a esto, será el contenido de la práctica (social) lo que haga (cree, fabrique) el tiempo, a la inversa del formalismo cartesiano. De nuevo, bajo una inspiración pascaliana, Bourdieu critica de modo semejante a como lo hace el autor de los Pensamientos, la concepción cartesiana, en este caso, del tiempo absoluto. Detrás de esta visión del tiempo como algo cósico y absoluto se halla la reflex…

La espaciosidad de lo real

Ignacio Ellacuría expone, en el capítulo de la obra que estamos comentando dedicado a la materialidad de la historia, la concepción zubiriana de espacio y tiempo. Lo que caracteriza a dicha concepción es la huida de todo substantivismo a la hora de entender el espacio o el tiempo. Así, Zubiri habla de lo espacioso de las cosas, es decir, de que éstas son espaciosas, por lo que lo que denominamos espacio sería una suerte de cualidad de las mismas. “La espaciosidad es, precisamente, aquella propiedad de las cosas por la cual tienen que ser espaciales; es algo que las cosas materiales tienen en propio” (p. 69). Esta cualidad se da por el hecho de que las cosas son, recordemos, “notas de”, es decir, elementos en un sistema constructo en el que ocupan una posición respecto a las demás y son “respectivas”, o sea, vertidas a las demás. Porque “Toda realidad intramundana está en tensidad, en dinamismo respectivo” (p. 69). Esta “tensidad” es, por tanto, extensidad – extensión. Así, el espacio …

Habitus vs Ideología

A la hora de explicar cómo se genera la illusio, ese ajuste perfecto entre disposiciones (habitus) y condiciones sociales, Bourdieu echa mano de la psicología. Habría que ir al proceso de crecimiento de cada individuo para ver en su historia familiar y personal las causas de su ajuste cuasi perfecto con el medio. Creo que de manera acertada, el sociólogo francés apunta a la necesidad de reconocimiento y aprobación como la fuerza que nos conduce a satisfacer los requerimientos del medio. Se trata de un proceso largo, constante, imperceptible, sancionado por ritos de institución (como los exámenes) que se inicia en la infancia e incluso antes del nacimiento. El resultado es que el agente social escogerá la institución que, en realidad, lo ha escogido a él. La psicología (psicoanálisis) debe explicar por qué motivaciones profundas se “escoge” invertir en un campo o institución, por qué se juega un juego. Pero sobre todo, es por la búsqueda de reconocimiento que uno se ajusta al medio en …

La materia desde la concepción de Ellacuría

Dedica Ignacio Ellacuría el primer capítulo de su libro Filosofía de la realidad histórica, publicado póstumamente por la editorial de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” de El Salvador (Ediciones UCA), a la componente material de la historia. En él ya queda de manifiesto algo fundamental en el pensamiento de Ellacuría que éste hereda de su maestro Zubiri. Se trata de la eliminación de dualismos en los que la realidad aparezca desdoblada y escindida, y, aplicando esto a la historia, la concepción idealista de la misma que la concibe como conciencia o espíritu flotante, inmaterial, sin conexión con el resto de la realidad. Hay en su pensamiento, por tanto, el trasfondo de la corrección marxista de Hegel que conecta con el elemento zubiriano predominante. Esto no quiere decir, en absoluto, que Ellacuría o Zubiri sean reduccionistas y ofrezcan una visión, por ejemplo, biologicista o materialista en un sentido grosero, de reducción de todo a las leyes naturales o físicas. …

Más sobre el "habitus" y Bourdieu

Los agentes sociales ocupan siempre una posición en el espacio social definida por la acumulación de distintas especies de capital, la posición relativa y la distancia respecto a otros agentes sociales (llamada por Bourdieu “distinción”), el tiempo en cuanto generador de rentas materiales o simbólicas, localizaciones físicas (barrios, etc.) y extensión de las mismas (propiedades materiales, p. e.). Se produce además una illusio en el agente que percibe como normal lo arbitrario de su posición, debido al ajuste entre las condiciones sociales y su habitus. O sea, sus estructuras cognitivas son conformadas por la estructura del espacio social. Esto implica, continuando lo que dijimos en el post anterior, que para Bourdieu no hay un determinismo que anule la contribución del sujeto a la construcción del mundo, pero tampoco el subjetivismo idealista por el que el sujeto dispondría de una voluntad omnipotente. El habitus implica en realidad ambas casas: una constitución del agente social po…

Recuperando y destruyendo las Luces. La ambigua modernidad de Bourdieu.

La pretensión de tomar conciencia de la historicidad de la razón, según Bourdieu, “Significa negarse a reemplazar el Dios creador de las ‘verdades y los valores eternos’ por el Sujeto creador y devolver a la historia, y a la sociedad, lo que se ha atribuido a una trascendencia o un sujeto trascendental” (p. 152). Así pues, lo que Bourdieu no se cansa de combatir es un fetichismo platonizante de la razón propio del pensamiento escolástico (de la scholé), el cual en realidad obedece a una historia de un campo social concreto cuya genealogía el sociólogo trata de establecer. La scholé es fruto de la visión escolástica del mundo a la cual, a su vez, produce. Es de esta visión y de su lógica de la que, como decíamos en el post anterior, cabe esperar progreso hacia un mayor autoconocimiento. Por eso, hay un anti-kantismo en Bourdieu, parejo a una fuerte crítica del idealismo constructivista, del sujeto que conoce y se hace. Por el contrario, “Hay que buscar en el objeto elaborado por la cie…

¿Puede lo universal surgir de lo arbitrario?

El elemento más interesante de Bourdieu, su mejor aportación es la concepción histórica de la razón, es decir, su concepción de que los fundamentos de la razón son históricos y proceden de la estructuración altamente compleja, multidimensional, de la sociedad. Esto hace que relativice constantemente las ideas o valores en apariencia más neutros y objetivos, señalando lo arbitrario de las mismas, contra la fe en su origen argumentativo, racional o lógico. Pero, contra toda permanencia en un escepticismo inmovilizante, indica que “paradójicamente, tal vez someter a la razón a la prueba de la historicización más radical, en particular echando por tierra la ilusión del fundamento al recordar lo arbitrario del origen y mediante la crítica histórica y sociológica de los instrumentos de la propia ciencia histórica y sociológica, sea la manera de liberarla de la arbitrariedad y la relativización histórica” (p. 125). Así, el Estado o la ley se fundan en la más pura arbitrariedad (palabra con l…

Combatir a la razón desde la razón.

La ilusión universalista que denuncia Bourdieu es la que produce por un lado el desprecio por lo vulgar y, por otro, el amor vaporoso y abstracto a la humanidad que elude la fricción con los hombres reales. De un modo que recuerda a Foucault, autor caro a Bourdieu, éste señala que dicha ilusión obedece a un universo social que, históricamente, produjo la autonomización de microcosmos sociales basados en el privilegio (p. 105). Con dureza, Bourdieu declara: “(…) en la medida en que resulta posible gracias al privilegio, un privilegio que se ignora, la razón contiene en sí la virtualidad de un abuso de poder (…) es a la vez fuente de beneficios materiales y simbólicos e instrumento de dominación y legitimación” (p. 106). Su ventaja es prestar un velo de neutralidad y universalidad a lo que no es sino la más absoluta particularidad, es decir, hacer que lo arbitrario se presente como universal. Esto es achacado por Bourdieu a la filosofía tanto de Rawls como de Habermas (p. 107). Asimismo…

La ilusión esteticista

Bourdieu aplica su análisis de la ilusión escolástica al campo de la estética, desenterrando la verdad social que subyace al universalismo estético, cuya expresión más pura formulara Kant. El juicio estético supuestamente desinteresado, desde el punto de vista sociológico de Bourdieu, no lo es. Su “desinterés” no es sino el olvido de las condiciones (sociales) de su surgimiento. Son básicamente dos estas condiciones: 1) La instauración de un campo artístico con relativa autonomía, como universo propio y terreno de juego liberado de las reglas de los campos económico y político, que funciona según leyes propias que se resumen en el ideal del arte sin más fin que el arte. 2) La formación de una disposición “pura” hacia un placer “puro”, meramente estético, que ha de facilitarse en especial por la educación familiar o escolar. Así, “(…) la propensión a buscar y experimentar un goce estético ante unos objetos consagrados como obras de arte por su exposición en esos espacios separados, sag…

Una Ilustración de la Ilustración

El habitus escolástico genera, según Bourdieu, una antropología que no es sino la relación social impensada de la  cual dicho habitus es la encarnación. Se trata de una antropología que es reflejo de la relación epistemológica de un sujeto consciente que conoce y piensa un mundo de cosas, producto de la modernidad cartesiana. Pero esta relación socio-epistemológica con el mundo ocurre, aunque no se reconozca, en un contexto de lectura y de scholé. Así, se interpreta como desde el lugar del lector una realidad cuya significación hay que ir captando o descifrando como algo puro, deshistorizado, en la forma de “obra completa” desgajada de su producción y contexto (como ocurre cuando se lee un libro). La lógica intemporalizante del lector se proyecta en el autor, que es visto correspondientemente como creador absoluto. “Se ignora así la lógica específica del proceso de invención, que, incluso en el caso de las investigaciones más formales, es siempre la aplicación de una disposición del …

Bourdieu como cura de humildad

Bourdieu interpreta las corrientes y dinámicas del campo filosófico (contemporáneo) como producto de su aislamiento y vinculación con la scholé. Este aislamiento social y los rasgos propios de la institución escolar-académica producen un distanciamiento intelectual respecto al mundo que se refleja incluso en las corrientes utopistas de los filósofos o intelectuales “comprometidos” de los años 60 y 70. “Los efectos del aislamiento escolástico, multiplicados por los de la elección escolar y la cohabitación prolongada de un grupo socialmente muy homogéneo, por fuerza han de propiciar un distanciamiento intelectualocéntrico respecto al mundo (…)” (pp. 60-61). El modelo de pensador total y comprometido que por ejemplo quiso ser Sartre es analizado por Bourdieu y revelado en cuanto constructo de un habitus específico propio de un campo social específico (el de la filosofía). Desde luego, Bourdieu no oculta su antipatía en relación con lo que él denomina “el juego filosófico” (p. 61) y apues…

Meditaciones pascalianas, de Bourdieu: I

Desde la sociología se pueden plantear cuestiones y dar algunas pistas para abordar problemas filosóficos. Es decir, la sociología nos vincula con el terreno en donde enraíza y emerge lo humano, el terreno de una materialidad consistente en lo social. Lo social es a la vez suelo y componente de lo humano y se halla presente en cualquier actividad humana. Lo social es un nivel de lo material que nos constituye, determinándonos a la vez que posibilitando opciones y recorridos, siendo, por tanto, simultáneamente límite y principio constitutivo de lo humano. Perder esto de vista implicaría incurrir en una u otra forma de vago idealismo que en el fondo sería la mistificación de algo que partiendo de lo social es olvidado o reprimido en cuanto a su naturaleza social. Creo que filosóficamente no debemos perder de vista el realismo de un materialismo, ya presente en el Génesis (“tomó barro y lo amasó…”) que no es sino un reconocimiento de que sin mundo, sin historia, sin biología, sin materia…