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viernes, 7 de enero de 2011

Crítica de Zubiri al idealismo hegeliano I


Prosigue Zubiri con su discusión a través de distintos autores que han defendido una u otra concepción de la esencia, una vez que ha concretado, como vimos, que para él la esencia es “unidad primaria y por lo menos un principio intrínseco necesitante de las demás notas de la cosa real” (p. 33). En otras palabras, la esencia son las notas “sobre las cuales reposa todo lo que la cosa es” (p. 33). Lo demás, las otras notas, pueden ser reales en la cosa, pero no son esenciales. Así, la esencia tiene un carácter real o de verdad en sentido ontológico (no en el sentido de conocimiento verdadero). Se trata de una verdad de la cosa y no del Logos. Sin embargo, en otras perspectivas filosóficas que pasa a analizar Zubiri en su libro Sobre la esencia, la verdad de una cosa (su esencia) sería el concepto formal de la cosa. Habría en este caso una cosa cuya esencia y verdad sería su concepto (su esencia estaría “fuera” de ella, como concepto).

En su aspecto formal (la esencia como concepto formal) Zubiri se refiere al sistema hegeliano en el que ser consiste en el ser concebido. Es decir, lo verdadero de una cosa es el aspecto con el que ésta es pensada, su contenido conceptual. Y concebir es, como en la biología, crear y dar realidad a las cosas, siendo toda la realidad un producto, en consecuencia, de la razón. “Es decir, la estructura de la realidad es idénticamente la estructura formal de ‘la’ razón y se funda en ésta. Tal es la interpretación de Hegel” (p. 37). Zubiri expone muy sintéticamente la filosofía hegeliana del proceso. Señala cómo se inicia, según Hegel, una marcha en la que el Ser va buscándose, adquiriendo distintos grados en un triple movimiento (negatividad, interiorización y exteriorización) que, todo él, sería lo que Hegel denomina “esencia”. Así, dice Zubiri “Por tanto, para Hegel, descubrir la esencia de algo es construir conceptualmente, especulativamente, los supuestos de la realidad; es re-engendrar la cosa. Correlativamente, la realidad misma es algo ‘puesto’; es la ‘posición’ del ser como esenciado, es concepción formal” (p. 43). Este predominio del pensar en Hegel hace que la esencia quede referida, en definitiva, a un Yo pensante, siguiendo la línea moderna de la filosofía del sujeto.     

Zubiri se opone al esfuerzo hegeliano por definir la esencia como un momento de la concepción formal. Lo considera insostenible por varias razones:
1) No es aceptable un concepto unitario y unívoco de razón que lleva al primado de lo lógico sobre lo real (p. 45). No existe propiamente algo sustantivo así como “la razón”. No puede la inteligencia finita del hombre pretender una captación de toda la realidad. Esto, hipotéticamente, sería lo propio de una razón divina, pero Zubiri, más modesta y prudentemente, hace depender en gran parte la razón de las distintas cosas, tipos y cualidades de cosas, a la que se aplica. Existe un polo que son las cosas y la realidad que no puede ser envuelto ni abarcado completamente por la razón como ocurre en el sistema hegeliano en el que lo real y lo racional son lo mismo. La hipotética razón divina omniabarcante tendría que tener no ya una diferencia en cuanto al grado, sino en cuanto a la cualidad misma de la razón, es decir, ser otra razón distinta de la humana, que conociera de otro modo y a la que fuera posible esa captación completa del todo de lo real. Es decir, además de la finitud de las cosas, reconocida por Hegel, claro está, Zubiri enfatiza el carácter también finito del concepto para abarcar a la cosa (p. 46). Hay una finitud, en definitiva, de la trascendentalidad en el hombre, una insuficiencia comunicativa y conceptual para que en un concepto esgrimido por los hombres se encierre indubitable y fielmente lo referido. Zubiri prefiere hablar de “razones” intrínsecamente distintas y no de una razón unívoca. Pero también es importante notar, como se desprende de esta perspectiva zubiriana, que no puede haber una prioridad fundante de la razón, sino que la prioridad la tiene siempre la realidad sobre el inteligir (p. 47).
2) No puede haber una identificación del concepto con la cosa y la realidad, sino que al contrario, existe una distancia entre ellos que explica que se dé la posibilidad del error. La razón puede “estar en vía” o no estarlo, lo que quiere decir, que no siempre se acopla ni enfoca bien hacia la realidad, pudiendo haber una razón desviada. “Esta coposibilidad esencial de la verdad y del error en la razón humana prueba, pues, que en ella no hay identidad sino distancia y distinción entre el ser y el pensar” (p. 48). Así, no es que no haya razón o no valga ésta, sino que la verdad de la razón no reposa sobre sí misma, habiendo de ligarse necesaria y dependientemente a la cosa.   
3) Sobre todo, y esto es un punto fuerte del sistema zubiriano, hay una prioridad e independencia de lo real en cuanto a la intelección de lo mismo. El estatuto fuerte ontológico, podríamos decir, es claramente para las cosas, que no surgen como “paridas” por una inteligencia, sino que ostentan una suerte de plus respecto a la inteligencia, un plus de realidad. Esto se opone frontalmente a un idealismo como el hegeliano.