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domingo, 9 de enero de 2011

Crítica de Zubiri a la esencia como concepto objetivo


Hay una segunda manera de ubicar la esencia en el concepto, además de la que identifica la esencia de una cosa con su concepto formal (Hegel), que es considerando el concepto en su contenido objetivo (eidós). Esta visión dotaría de carácter fundante al concepto respecto a la cosa. Concretando más, Zubiri resume y matiza que para esta perspectiva de la esencia “(…) la esencia es lo representado objetivamente en el concepto. Como tal, es anterior a lo real y fundamento de su realidad en una triple dimensión: como mensura o verdad ontológica de lo real, como posibilidad interna de lo real, como cosa ideal en sí misma” (p. 62). Pero de nuevo, esto es inadmisible para Zubiri en la medida en que éste sitúa la prevalencia en la cosa, de la que, en un segundo momento, se extrae, con mayor o menos fortuna, el concepto. En realidad, concepto y esencia, para el filósofo vasco, se distinguen. “Pero el racionalismo, por singular paradoja, invierte los términos y convierte el concepto objetivo en la esencia misma” (p. 63). En el fondo, aquí subyace una identificación de la lógica y de la metafísica. Frente a esto, “Al confundir la esencia con el paradigma intelectual, se lanza el problema de la esencia por una falsa vía, porque al amparo de las Ideas, se elude decir qué es la esencia en sí misma como momento real de la cosa” (p. 63). El racionalismo pone el acento de lo esencial en el concepto, al margen de la realidad. Así pues, “En el enfoque mismo de la cuestión, el racionalismo elude, pues, el problema de la esencia, a saber, averiguar qué es la esencia considerada en sí misma (no en tanto que opuesta a la existencia) y como momento intrínseco de la cosa real (no en tanto que paradigma ideal de ella)” (p. 64).
De nuevo, la verdad (la esencia) de una cosa es puesta en el fondo fuera de ella. Esto es lo principal que Zubiri reprocha al racionalismo y para ello apela a su teoría de la inteligencia, cuya función formal “no es concebir sino aprehender las cosas reales como reales. Formar conceptos es una función ulterior que reposa sobre esta otra función primaria y que deriva de ella” (p. 65). Primero se intelige lo real como real. “La verdad real no nos saca de las cosas para llevarnos hacia algo otro, hacia su concepto, sino que, por el contrario, consiste en tenernos y retenernos sumergidos formalmente en la cosa real como tal, sin salirnos de ella” (p. 65). La esencia es intrínseca a la cosa misma y no es su mensura en forma de modelo (idea) o concepto objetivo. De este modo, tampoco puede decirse que la esencia sea un fundamento previo y anterior a la cosa misma, al modo de verdad radical.
Tampoco ha de buscarse en el hecho de no contradicción y posibilidad la clave de la esencia de la cosa, independientemente, de nuevo, de su realidad. El carácter lógico de una cosa (su carácter no contradictorio) no dota de entidad real a la misma. Es decir, la esencia no es lo posible de una cosa, el hecho de que pueda ser de tal modo.
Toda esta crítica reposa, insistimos, en que el concepto no es lo previo o la esencia, como si tuviera una entidad propia a la que sólo le faltase la existencia para realizarse. Esto, en el fondo, nos vuelve a situar fuera de la cosa y de la realidad, a juicio de Zubiri. “No hay, pues, un ‘algo’ que tuviera como dos estados, el de posibilidad y el de realidad, sino que no hay más que una pura posibilidad objetiva, de un lado, y de otro una cosa real (real u objetual, poco importa para el caso). De ahí que realizar no sea ‘añadir’ una existencia a la esencia considerada como objeto ideal, sino producir a la vez y a una la esencia existente, o, lo que es lo mismo, la realidad esenciada” (p. 72).
Por último, señala Zubiri: “Haber confundido, o cuando menos haber involucrado, la esencia ‘física’ con lo que los escolásticos de última hora llamaron esencia ‘metafísica’ o abstracta (yo diría, conceptiva), es decir, haber confundido aquello sin lo cual la cosa no puede tener realidad formal con aquello sin lo cual la cosa no puede ser concebida: éste ha sido el grave error del racionalismo en nuestro problema” (p. 73).