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miércoles, 5 de enero de 2011

La esencia según Zubiri


Zubiri plantea su libro Sobre la esencia como una fundamentación de una concepción alternativa a la del filósofo Aristóteles en cuanto a la esencia. Para éste, la esencia depende de la sustancia tanto que ambas se coimplican. Pero a lo largo de la tradición filosófica no siempre han estado ligadas, llegándose a una des-sustanciación de la realidad paralela a una visión de la esencia como realizada en forma puramente situacional e histórica, como ha sido el caso del existencialismo, heredero de la concepción antisustancialista de Husserl (la conciencia no es sustancia sino esencia pura). Así, lo histórico puede quebrar, por ejemplo, lo substancial (hasta cierto punto Hegel y más logrado en Marx, creo). Pero lo que interesa a Zubiri destacar es, en relación con la esencia, que “Al hilo de la transformación del concepto de realidad como sustancia, ha ido transformándose el concepto de ‘lo que’ es esta realidad, a saber: la esencia. Por singular paradoja nos hallamos, pues, ante el mismo problema con el que desde un principio tuvo que debatirse el propio Aristóteles: la implicación entre la estructura radical de la realidad y la índole de su esencia” (p. 5). O sea, la esencia, lo que en último grado sea la realidad, dependerá de distintas respuestas, como por ejemplo de si ostentamos o no una concepción substancialista de la misma. Esto es lo que el progreso de la filosofía ha ido poniendo en evidencia. Así, Zubiri se propone retomar este asunto y plantearlo desde cero. Como él mismo asevera: “No se trata, en efecto, de tomar dos conceptos ya hechos, el de sustancia y el de esencia, y ver de acoplarlos en una u otra forma, sino de plantearse el problema que bajo esos dos vocablos late, el problema de la estructura radical de la realidad y de su momento esencial” (p. 6).  
La pregunta por la esencia adquiere en Zubiri unas características concretas. No se dirige tanto a nuestro modo de afrontar las cosas reales (Logos), sino a un aspecto de la realidad, a un momento de las cosas reales. De este momento no le interesa, en principio, su conexión con la existencia, sino su estructura en sí. Porque se trata la esencia de un momento físico y estructural de la cosa real. La investigación del filósofo irá en la línea de trazar una suerte de imagen o mapa dinámico de lo esencial sin que esto sea recurriendo a sólo una parte permanente y subjetual de la cosa al estilo de la sustancia. Así, continúa aclarando que lo físico es, tal como él lo va a entender, un modo de ser de la cosa, en el cual el principio de la cosa es intrínseco a la misma, frente a cosas originadas en “la inteligencia del artífice” (p. 11). Físico no sería, según él, intencional y es empleado por Zubiri como sinónimo de real. Será aquí donde el filósofo ponga su acento, en lo físico-real que prioriza ante otros ámbitos fundamentales en otras filosofías como son la conciencia (conciencia intencional y fenómeno en la fenomenología).
Concretando más, Zubiri entiende la esencia como lo que responde al “qué” de algo (el qué es algo). Este qué de algo son todas sus notas (propiedades y caracteres). Las notas constituyen una unidad estructural y por tanto ostentan una mutua respectividad (estar dirigidas o vinculadas unas a otras). Esto constituye una unidad interna que es, propiamente, la cosa. La cosa no es una nota aislada, sino esta estructura de sus notas. Hay que eludir la concepción que nos evoca la forma de un mosaico o conglomerado y adoptar la imagen mental de, insistimos, una estructura multidimensional que constituye un todo unitario.
Así, aprehendemos siempre un aquí y ahora (hic et nunc) de la cosa que es a lo que se refiere todo término de la ostensión. Pero lo cierto es que la cosa cambia, por lo que Zubiri, y estamos ante el viejísimo y difícil problema del cambio, distingue varios tipos de notas, entre las cuales las que señalan la permanencia de una cosa a través de sus cambios son las que aprehendemos y a las que nos referimos en la denominación que prolonga la mera deixis (ostensión, señalamiento, indicación). Este nuevo quid abarca no tanto las notas que constituyen el nunc et hic de la cosa, sino “tan sólo el conjunto de aquellas notas que posee como propiedad distintiva suya y que no le son indiferentes, sino que constituyen su característica mismidad” (p. 17). Esto equivale a una aprehensión de las “notas esenciales”, siempre difícil y ambigua. Será a este conjunto de notas al que, propiamente, Zubiri llamará “esencia”. Ésta tiene un carácter primario, como conjunto de notas esenciales que no pueden separarse a la hora de concebir la cosa de la que se trate. El ejemplo del hombre definido por sus notas “animalidad” y “racionalidad” nos lo aclara, o sea, nos muestra que lo esencial en el hombre son ambos momentos (notas) inseparables en su intrínseca y primaria unidad. Aunque esta unidad primaria es también comprendida por Zubiri como “necesitante”, o sea, que reclama otras notas accesorias (“La esencia es, pues, una unidad primaria necesitante” (p. 18)).
De todos estos planteamientos iniciales del libro de Zubiri se desprende que “En definitiva, la pregunta acerca de la esencia en sí misma no es sino la pregunta por la unidad principial de la cosa real” (p. 18). Esto se puede responder, obviamente, de muchas maneras diferentes, y en ello se detectan las grandes escuelas de la tradición filosófica, algunas de las cuales pasa a analizar en las próximas páginas Zubiri. Se trata de respuestas acerca del tipo de unidad que constituye la esencia, de su carácter, y de lo inesencial de algo. Por ejemplo, lo que según creo se manifiesta en la cuestión acerca de si en la esencia del hombre prima lo biológico o lo social, o de cómo, en cualquier caso, se interrelacionan dichos elementos (notas).