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martes, 11 de enero de 2011

La sustantividad frente a la sustancialidad.


Zubiri mantiene una distancia teórica también con Aristóteles, cuyo sustancialismo critica con contundencia. Respecto al tratamiento sustancialista aristotélico de la esencia, afirma: “(…) es claro que, para Aristóteles, el ámbito de lo esenciable es la ‘naturaleza’; el ente esenciado es la ‘sustancia’ natural; la esencia misma es su ‘especificidad’” (p. 83). A diferencia de esto, Zubiri plantea en primer lugar que en el ámbito de la techné también hay esencias (p. 85). También, en segundo lugar, rechaza que lo esencial sea lo subjetual (que es lo que implica el concepto de sustancia como sujeto permanente en el que reposan los accidentes), ya que todo es susceptible de ser subjetuado por la vía del Logos, es decir, “toda realidad, sea cualquiera su índole, puede ser convertida en sujeto de predicación” (p. 86). Además, que algo sea una esencia por el hecho de poder ser sujeto de una definición sería una utilización impropia de la vía del Logos, ya que, como vimos con Hegel, así se incurriría en el error racionalista de hacer proceder lo real de lo racional, de creer que ambos se corresponden. La idea de sustancia es vista por Zubiri como una idea de procedencia racional o lógica que se aplica, en un segundo momento y no sin peligro, a la realidad. Pero además, amplía esta crítica Zubiri afirmando que: “Una cosa es que ‘dentro’ de la transformación haya momentos estructurales persistentes, otra que lo persistente sea una cosa-sujeto permanente ‘por bajo’ de la transformación. En el primer caso, la transformación –o cuando menos el movimiento- afecta a toda la realidad de la cosa; en el segundo, transcurre en su superficie, por muy sustancial que se la quiera hacer” (p. 87). La perspectiva zubiriana asume que la transformación, por mucho que persistan algunas estructuras de notas en la cosa, afecta de hecho, realmente, a toda la cosa. Es la cosa la que cambia, no una parte “superficial” de ella. Para entender esto bien habríamos de profundizar en la concepción zubiriana de la esencia y de las cosas como estructuras de notas, que de hecho es lo que hace a lo largo de las abundantes páginas que siguen en la obra que estamos comentando (Sobre la esencia).
Así pues, para Zubiri, la realidad no se identifica con la subjetualidad. Puede haber, según él, realidades que no sean subjetuales. Él prefiere emplear un término que sustituya al de subjetualidad-substancia, que es el de “sustantividad”. El matiz que aporta este segundo vocablo es crucial en la filosofía zubiriana. Porque no es lo mismo sustancialidad (que remite al carácter subjetual de las realidades) que sustantividad (que admite realidades que no tienen por qué ostentar el carácter de sujeto, aun siendo plenamente realidades). “La sustantividad expresa la plenitud de autonomía entitativa. La prioridad de rango en orden a la realidad en cuanto tal no está en la sustancialidad sino en la sustantividad. Sustantividad y subjetualidad son dos momentos irreductibles de la realidad, y de ellos el momento de sustantividad es anterior al de subjetualidad” (p. 87). Como se puede imaginar, para Zubiri la esencia corresponde como momento a la sustantividad.
En suma, para Aristóteles, “la esencia es un momento de la realidad, pero de la realidad en cuanto correlato físico de su definición”, lo que aunque lo sitúa en un realismo quizás más al gusto de Zubiri que el racionalismo o el hegelianismo, no puede ser suscrito por Zubiri. Éste rehúsa creer que exista una vinculación de la cosa real con su definición, ya que la realidad es siempre más de lo que puede expresarse de ella (Logos). El Logos, como vimos al abordar la crítica a Hegel, tiene un carácter secundario y dependiente de la realidad física, de las cosas, por lo que el carácter de especie recogido en el Logos y propio del mismo para clasificar la realidad, no puede ser considerado real en primer grado.