sábado, 15 de enero de 2011

La terminación de la historia como posibilidad histórica


Frente a concepciones teleológicas o idealistas acerca de la historia, aun cuando adoptan ropajes supuestamente materialistas (Comte), Ellacuría matiza bastante el asunto del posible final de la historia. Descarta, como dijimos, determinismos fatalistas que expliquen el avance de la historia en algún sentido. Pero sí hay una evidente progresión en la historia que hoy día ostenta una novedad significativa en relación con edades anteriores. Esta novedad es la señalada por la unificación o mundialización de la historia, su confluencia universal que hoy día nos hace entender la realidad histórica como un hecho mundial. Pero sobre todo, esto ha ido de modo parejo con la capacidad de la propia historia, tecnológica, de suprimirse. Sobre todo aquí tenemos una diferencia considerable respecto a épocas anteriores de la humanidad. Es decir, la posibilidad de un final en el sentido de término de la historia como posibilidad de la propia historia. Este es un problema que concierne a los hombres, más que el también posible pero lejanísimo final cósmico de la humanidad (su extinción “natural”). Sin que nada esté escrito, sí hay una dependencia respecto a lo que pueda ocurrir de las decisiones “libres” de los hombres, que es lo que, frente a todo determinismo metafísico o del tipo que sea, sí va a concretar si la humanidad está próxima a su extinción “suicida” o puede eludir dicha posibilidad por sí misma. Por eso, el filósofo afirma: “Si la amenaza cósmica no es un peligro histórico, sí lo es la amenaza histórica. Y  ante esta eventualidad no sólo han de tomarse medidas, asimismo históricas, sino que han de reducirse mucho las presuntas interpretaciones metafísicas de la historia” (p. 468). Así pues, estamos ante un problema estrictamente histórico. “El problema ya no es, por tanto, si la historia podrá ir dominando a la naturaleza, sino si la historia podrá irse dominando a sí misma. La historia tiene, en consecuencia, ante sí el problema del final de la historia, de un modo que nunca antes lo había tenido; lo que en otros tiempos fue cuestión más o menos teológica, hoy es cuestión que está en el más real de los terrenos históricos, y lo que pudo ser cuestión de un pueblo o de un grupo de pueblos es hoy cuestión de la humanidad entera” (p. 470). Así, si ha habido un cambio o “avance” significativo en la historia es que esta se ha ido manifestando como más capaz, más dueña de sí misma, como dominadora de sí misma cuyo final ha llegado a estar en sus propias manos. “Todo lo utópico que pueda considerarse este planteamiento, dada la actual ordenación económica, apunta, sin embargo, a la relación entre la posibilidad de finalizar la historia y la posibilidad de reconducirla hacia metas más humanas. La posibilidad de finalizar la historia podría convertirse así en la posibilidad para entrar en otra etapa histórica” (p. 471).