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domingo, 20 de febrero de 2011

Deficiencias de Habermas y Honneth

 
He terminado de leer el libro Crítica e historicidad de José Manuel Romero que profundiza en unas líneas a las que también apuntamos en este blog, desde una preocupación intelectual afín. En una perspectiva que sugiere una vuelta al enfoque de la primera generación de la Escuela de Frankfurt, en el empeño de lograr un Teoría Crítica que desarrolle la necesaria trascendencia inmanente que hemos buscado para cuestionar lo dado sin idealismos, Romero discute con Habermas (segunda generación) y Honneth (tercera generación) esta posibilidad. Su conclusión es que tanto el primero como el segundo adolecen de una consagración de lo dado (la historia europea occidental) como fuente de una normatividad que se pretende universal. El problema es que sus planteamientos (la moderna diferenciación de distintas esferas de normatividad y racionalidad autónomas en Habermas, con la inevitable colonización del mundo de la vida por parte de la economía capitalista y el Derecho, pero que termina aceptando como progreso) y la normatividad a partir del reconocimiento en Honneth (que prioriza fuerzas y dinámicas que antepone a la economía y la división en clases y grupos de intereses) no cimentan adecuadamente la posibilidad de una crítica que trascienda el modelo social dado (sociedad capitalista). Ambos admiten una historia de la normatividad en la que puede sustentarse la crítica a ciertas desviaciones o retrocesos sociales, pero no incorporan una apertura que favorezca el cambio estructural de lo dado, que se mantiene implícitamente como ya eterno en su configuración actual. Así, estos autores acaban desarrollando modelos de teoría crítica insuficientes para abordar dinámicas de injusticia que enraízan en la propia estructura, en la configuración de las actuales sociedades capitalistas. En este sentido hay, si seguimos las razones de Romero, un cierto conservadurismo que se puede achacar a las generaciones posteriores a la primera en la Escuela de Frankfurt. Como sabemos, Adorno o Horkheimer estaban hondamente insatisfechos con la configuración que habían adquirido las sociedades del mundo capitalista a las que identifican como lugares de dominio y control patológicos y deshumanizadores. Habermas intentó cuestionar a sus maestros, como vimos aquí, diagnosticando una modernidad del sujeto no superada que les condujo a las aporías e impotencia final de la Teoría Crítica. La solución habermasiana ha sido, como también vimos, la sustitución del sujeto moderno por el paradigma inter-subjetivo de su Teoría de la Acción Comunicativa. Sin embargo, Romero ve, creo que muy acertadamente, que otros elementos habermasianos seducidos por las teorías de sistemas de Parsons o Luhman acaban deshistorizando el presente y el futuro en una consagración del formalismo omniabarcante de una racionalidad ligada al Derecho y la economía capitalista que no se ven del todo mal y que hay que soportar como un mal menor que tiendan a invadir la esfera del mundo de la vida donde se da la acción comunicativa. Este proceso cosificador lo hemos criticado en este blog como un proceso patológico que no entiendo deba vivirse como progreso, sino todo lo contrario, como algo lleno de peligros y en lo que se manifiesta un tipo de dominación sumamente eficaz y al servicio del modelo capitalista de economía y sociedad. Habría, por tanto, que repensar la propuesta de la primera generación de la Escuela de Frankfurt y completarla o compararla con otros planteamientos que intentan ese difícil trascender lo dado desde lo dado, o sea, la trascendencia crítica inmanente. La clave estaría en el situarse en el lugar y perspectiva epistemológicamente adecuados para ello (las víctimas, las mayorías pobres, el tercer mundo). En este intento ya comentamos cómo Romero y Héctor Samour señalaban las enormes posibilidades del pensamiento de Ellacuría que Romero caracteriza como una Teoría Crítica desde América Latina que debe entenderse no en términos localistas, sino como hecha a partir del lugar donde surge lo universal crítico (el de los desfavorecidos por la historia del dominio occidental). Es este proyecto también para mí esencial y seguiremos al hilo de nuestras lecturas buscando su desarrollo en este blog teniendo a la vista, como ya hemos hecho últimamente, a la institución universitaria como institución que debe elegir a qué amo servir. ¿Debe la ciencia y la universidad optar por un modelo triunfalista de consagración de lo dado como, aun siendo crítico, viene a ser el de Habermas? ¿O debe ser más ampliamente receptiva a clamores no siempre presentes en los discursos y ciencia oficiales que sin embargo nos dan la clave para un progreso que se basa en trascender lo dado a partir de la inmanencia de eso mismo dado?