StatCounter







lunes, 28 de febrero de 2011

Historicidad de los datos y de la ciencia en Lukács.


Para Lukács el problema de la unidad entre la teoría y la práctica se resuelve en la línea de una relación entre la consciencia y la realidad. Sería un llegar a la consciencia el proceso en que consiste la realidad, lo que se traduce en términos revolucionarios como un llegar a la teoría la expresión intelectual del proceso revolucionario mismo (p. 75). Este llegar a la consciencia, a la teoría, es, a su vez, un paso necesario para el proceso revolucionario. El libro de Lukács Historia y consciencia de clase se entiende desde este principio como una de sus claves. El marxista húngaro le da una gran importancia al momento de captación de la realidad que siendo previa al mismo, sin embargo requiere de ser captada para su transformación por parte de los hombres. Así, la teoría vinculada a la práctica, en unidad con ella, quiere decir no tanto que se confundan ambos momentos (el real y el epistemológico-teórico), sino que manteniendo cada uno su distancia respecto al otro, se encuentran en estrecha interconexión. Independientemente de la utilización del hegelianismo por parte de Lukács, de la dialéctica como método que refleja lo que sucede en la realidad (histórica), su perspectiva de la prioridad de lo real a lo que la inteligencia se debe acoplar podría tener algún paralelismo con la teoría de la inteligencia de Zubiri, que estudiaremos más adelante. En ambos casos se puede hablar de un realismo consistente en dicha prioridad de lo que sea la realidad. El esfuerzo de la inteligencia o captación teórica debe ser por no empañar su visión con falsas teorizaciones de tipo sustantivistas y estaticistas. La conciencia debe fluidificarse y asumir un movimiento capaz de reproducir el dinamismo propio de la realidad. Lo contrario a esta captación dialéctica sería tanto el voluntarismo subjetivista de la historiografía burguesa como, en el otro polo, el fatalismo objetivista del positivismo burdo. En esto hay implícita una crítica tanto a concepciones teóricas de tipo liberal o conservador, como a concepciones marxistas que acabaron en un objetivismo impermeable al momento subjetivo de la conciencia. En esto he encontrado una similitud con el planteamiento del Gramsci maduro de su época en la cárcel que en relación con cuestiones pedagógicas apunta a los mismos errores procedentes de una aproximación no dialéctica a la realidad. De él hablaremos próximamente, por cierto, en un post dedicado a su crítica del espontaneísmo rousseauniano, o a su matización, desde una perspectiva marxista. Se trata de un asunto capital en la historia del pensamiento pedagógico que debemos analizar y que yo me estoy replanteando al hilo de la lectura de estos autores marxistas.

Pero volviendo a Lukács, éste señala: “El fatalismo y el voluntarismo sólo son contrapuestos que se excluyen para una consideración adialéctica y ahistórica. Para la consideración dialéctica de la historia resultan ser polos necesariamente coordinados, reflejos mentales en los cuales se expresa claramente el antagonismo del orden social capitalista, la irresolubilidad de sus problemas en su propio terreno” (p. 77). Estos errores del pensamiento no dialéctico obedecen, según el filósofo húngaro, a un pathos contemplativo que participa de la escisión típicamente moderna entre el pensamiento y el ser. Se entiende el pensar como algo no afectado por el objeto que es pensado, y viceversa, en un error que basa la cientificidad justo en esta misma separación ideal. No se trata, entiendo, de negar el modo científico de abordaje de la realidad, sino de emplear una metodología científica que puede aplicarse autocríticamente al propio sujeto que piensa y observa. Es lo que lleva a cabo de manera encomiable la sociología de Pierre Bourdieu. Una ciencia con un prurito autodisolvente pero sin que se llegue a los excesos propios del pensamiento deconstructivo postmoderno. Una ciencia consciente de sus limitaciones y condicionamientos, con una humildad necesaria a nivel epistemológico; una ciencia sin pretensiones metafísicas de suplantación de lo real y sabedora de su lugar secundario en relación con la prioridad de lo real. Independientemente de en qué modo o grado esto está logrado en Lukács (quizás sea cuestionable su excesivo hegelianismo), es cierto que su indicación de que el pensamiento sea fluido como lo es la realidad apunta a este tipo de humildad o prioridad de lo real ajena a todo racionalismo o idealismo epistemológico. Aspira a ello y nos advierte del peligro del saber contemplativo cartesiano. Tanto él como Bourdieu, sin embargo, no llevan, como hemos señalado, la autodisolución de la ciencia y el pensamiento al extremo de negar a la ciencia una capacidad para establecer generalizaciones y probabilidades que capten lo real hasta cierto punto. Así, la pedagogía o las ciencias de la educación detendrían su dinamismo antes de llegar a la pura particularidad, a la descripción de parcialidades inconexas que tan peligroso juego hace, paradójicamente, al pensamiento único (Rorty). Esto, en términos marxistas de pensamiento dialéctico, es también señalado por Lukács, como lo que diferencia, en sentido político, la socialdemocracia (que acaba consagrando lo dado y confiando en un progreso suavemente ascendente de leyes lineales) y el enfoque revolucionario (dialéctico, que entiende lo parcial desde una totalidad conflictiva que se halla en todas las particularidades).

Según el enfoque dialéctico los objetos tecnológicos son productos de un todo que incluye una dimensión moral y, sobre todo, política. Un tractor no es sólo el tractor, sino el mundo y la historia que lo ha producido. Detener la mirada científica en el tractor significa no comprender al tractor. Si esto ocurre con cosas así, cómo no ocurrirá con algo tan humanamente complejo e histórico como es la educación. La mirada adecuada para comprender la educación ha de aspirar a lo global y a las conexiones existentes entre las distintas partes del todo socio-histórico. Dice Lukács: “Es obvio que todo conocimiento de la realidad parte de los hechos. Pero lo que se pregunta es: ¿qué dato de la vida y en qué conexión metódica merece consideración como hecho relevante para el conocimiento? El limitado empirismo niega, por supuesto, que los hechos llegan a ser tales sólo a través de una elaboración metódica, diversa según el objetivo del conocimiento” (p. 78). Esta mirada, que en Lukács hemos dicho que adquiere, como marxista, un dinamismo dialéctico, es necesaria para captar que precisamente el dato aislado y cuantitativo es la forma de captación de la realidad propia del universo capitalista. Hay un trasfondo teórico que a su vez es histórico en la mirada cuantificadora de la economía liberal. “El carácter fetichista de las formas económicas, la cosificación de todas las relaciones humanas, la ampliación, siempre creciente, de una división del trabajo que descompone de modo abstracto-racional el proceso de producción, sin preocuparse de las posibilidades y capacidades humanas de los productores inmediatos, etc., transforma los fenómenos de la sociedad y, junto con ellos, su apercepción. Así nacen hechos ‘aislados’, complejos fácticos aislados, campos parciales con leyes propias (economía, derecho, etc.), que ya en sus formas inmediatas de manifestación parecen previamente elaborados para una investigación científica de esa naturaleza” (p. 79). Así, el problema es que esta ciencia segmentada olvida el carácter histórico de los hechos que “descubre” en el mundo y que estudia. El punto de vista dialéctico es, insiste Lukács, el punto de vista de la totalidad siempre necesario para captar este carácter histórico en los hechos. La ciencia económica, por ejemplo, de los “hechos” o datos aislados y de la economía segmentada, va detrás de la realidad pero en un sentido que quiere decir, en Lukács, que no es capaz de captar el dinamismo y la totalidad, el modo en que se mueve, el universo económico que es, en su perspectiva, histórico. Habría un movimiento en la economía que eludiría la mirada segmentada del positivismo liberal en la teoría económica. No se capta propiamente el desarrollo económico y, lo que es más grave, el carácter histórico de los hechos estudiados como sustancias o abstracciones. Se trata, en el fondo, de un carácter ideológico y políticamente interesado en lo que se presenta como mera abstracción y desnuda teoría científica realista. Pero no hay nada menos realista que este modo de realismo. Un realismo que explica como hecho fatal y dado por una realidad abstracta y sin historicidad la actual crisis económica, sin que se percate el economista neoliberal (ni quiera percatarse, claro) de que tras la crisis hay un todo histórico (y por tanto no inmutable, de carácter no estático) que la ha producido. En fin, casi la misma idea de destino y predestinación de la ética capitalista que indicaba, desde otra perspectiva, Max Weber. Un sentimiento y una moral de la impotencia que responde a poderes bien potentes y demasiado humanos, arraigados en este mundo. “Así pues, para captar adecuadamente las cosas hay que empezar por captar clara y precisamente esa diferencia entre su existencia real y su estructura nuclear interna, entre las representaciones formadas sobre ellas y sus conceptos” (p. 81). Así, habría un modo de manifestarse la realidad, en forma de hechos, al que subyace un entramado estructural de relaciones que Lukács ve, ciertamente, bajo la mirada dialéctica marxista, pero que también responde a una mirada menos sustancialista que la del marxismo como son las de Bourdieu o Zubiri-Ellacuría. Quizás pueda acusarse, desde estas últimas perspectivas, al marxismo de Lukács de mantener, contra su inspiración inicial, cierta forma de sustancialismo o cosismo que es excelentemente superada por dichos planteamientos (Bourdieu y Zubiri-Ellacuría).