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jueves, 30 de junio de 2011

No nos representan

Entre las muchas verdades como puños que se proclaman en el movimiento de recuperación de la conciencia ética y política que es el 15M está la de que los políticos “no nos representan”. Frente a esto, hoy mismo, el periódico El País, vocero del PSOE y del pseudoprogresismo de boquilla que nos está llevando a la ruina neoliberal, cómplice del golpe de estado de los bancos a la democracia, arremetía contra la propuesta de fomentar un modelo de democracia directa y no representativa hecha por el movimiento social más maduro e inteligente de la historia de nuestra pseudodemocracia. Y ya que menciono a un periódico, deseo dejar constancia de mi sospecha de que otro diario que sí parece tratarnos bien, Público, sea la manifestación visible de una oscura intención de la falsa progresía psoista. Se trata de que puedan estar cavilando incorporarse al 15M ante su previsible derrota electoral, ya bien poco antes de las elecciones con oportunismo, o bien después. Les interesa por varios motivos. Pero todos se resumen en uno más o menos inconfesado: desactivar un serio peligro para la “clase política” de la que miles de cargos del PSOE participa directa o potencialmente aunque lleguen a ser barridos en las próximas elecciones por la llamada “marea azul” de la derechona. De hecho se van a basar para a estas alturas dárselas de izquierdistas, entre otras cosas, en el miedo (en gran parte justificado) que en muchos españoles, sobre todo en zonas rurales, hay a la derecha y al PP. Pero esto será una vez más pura demagogia ante la que el 15M debe estar muy bien prevenido. En ese caso, vendrá bien, como vengo diciendo en los foros, echar mano de nuestra memoria histórica y de hemerotecas para que no nos engañen de nuevo. Los datos son incontestables y hablan de una corrupción moral en el PSOE que ha sido capaz de consentir y de apoyar el desahucio de 500.000 familias que han perdido casas, dinero y dignidad en pro de banqueros algunos de los cuales han manifestado público agradecimiento a dicha casta política “socialista”. No debemos olvidar que nos han vendido literalmente e hipotecado a generaciones enteras nuestras vidas, robándonos todo horizonte. En este panorama de mediocridad política y moral todavía tendrán valor de acercarse estratégicamente al 15M. Habrá que estar muy precavidos y estudiar quién hay detrás del diario Público y qué pretenden. Si esto es una simple paranoia, mejor para todos. Y si no lo es, se va a ver muy pronto, porque como decía ayer, estamos en un tiempo en que la verdad se va a revelar, en que a todos se nos verá muy pronto el plumero.

Vuelvo al tema que me ocupa ahora. Se trata de hacer un llamamiento a que la ilustración popular del 15M se aferre a unos hechos y a unos datos, que ellos desde luego vienen esgrimiendo todo el tiempo, de especial relevancia. Los datos que en estas líneas quiero destacar y glosar se hallan en el siguiente enlace sobre prebendas y privilegios de la clase política española: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=131342

En primer lugar quiero justificar que se siga empleando el término “clase política” porque, aunque no soy sociólogo, entiendo que los políticos constituyen un cuerpo definido, homogéneo, que obedece a su propia reproducción y a la consecución de intereses propios y particulares de sus componentes. Constituyen un grupo con reglas propias. Creo que hay elementos, aunque no entremos en detalle, para entender a los políticos como una especie de conjunto social estructurado y jerárquico, dentro de la sociedad a la que parasita. Quizás alguien me diga que justo esta es la crítica neoliberal a lo público y a la clase política, pero yo me adelanto para tranquilizar a tan bienpensantes sujetos y recordarle que lo público es definido en la democracia por unas características que estos parásitos sociales no cumplen. Yo no soy enemigo de lo público, sino todo lo contrario. Yo no soy anti-político sino que me tomo tan en serio la política que acuso a los usurpadores de serlo. Entre las cualidades requeridas por la profesión del político, apelaba ayer en mi post a una cierta cualidad moral, una suerte de vergüenza o de ética que les sitúe de verdad como justos defensores del bien común, que garantice que van a cumplir con su obligación. A mí me cuesta mucho, por eso, separar ética de política.

Sin embargo, los datos sobre prebendas que acabo de enlazar demuestran que salvo honrosos casos que han renunciado a todo vergonzoso privilegio (Julio Anguita y Sánchez Gordillo) más del 99 % de los políticos de los distintos parlamentos centrales y autonómicos, no llegan a este mínimo moral. Está claro, como decía ayer, que hace falta una revolución ética, a nivel de cambio de actitudes y de conciencia, y en mi interpretación justo eso es en gran medida el 15M. Comprobaremos que en sus discursos los políticos siempre dicen que se ajustan al modelo ideal del defensor o servidor público. Así, nos han increpado con discursos llenos de florituras jurídicas, con apelaciones a la sacrosanta Transición, con una defensa de la ley, del orden “democrático”, de la convivencia. Y lo hacen bien. De hecho, viven de eso. De dar discursos y ganarse así a la gente para sus objetivos de trepadores. Quieren mandar y saben que hoy en España para mandar hay que adoptar un discurso políticamente correcto, de derechos y libertades, que ellos saben emplear con suma eficacia. Asustan nuestros oídos con su terminología técnica, nos impresionan con sus voces engoladas y con un porte serio y respetable, bien trajeado, de hombres y mujeres responsables. A todo lo que utilizan para someternos (fuerza armada, código penal, amenazas, retirar subvenciones, etc.) lo dotan de esa aureola de legalidad y legitimidad. Es su disfraz. Todo ello para parecer lo que no son y hacer efectivas sus llamadas al orden y amenazas. Pero una mirada ilustrada, como la del 15M, sabe mirar donde hay que hacerlo. Se investigan subidas de sueldo tras las elecciones (más del 92% de los alcaldes recién elegidos el pasado 22 de mayo que tanto nos llamaban “sucios”, “perroflautas”, “violentos”, etc. a quienes estábamos en las acampadas). Y además, como he señalado hoy, se saca a la luz, a pesar del secretismo que hace que no sepamos a ciencia cierta el número de políticos que viven y maman hasta atragantarse de la teta del Estado, ciertos datos sobre sus sueldos y privilegios. Entonces no hay un solo discurso, por muy bien argumentado que esté y bien elaborado, que resista la evidencia de los hechos. Nuestros padres de la patria son lo que todos estamos viendo, lo que en realidad sabíamos durante más de una década sufriendo el mundo terrible en el que nos estaban metiendo, mientras nos acosaban con axiomas y dogmas de un muy cuestionable pensamiento único en política económica, mientras nos han estado robando y expoliando los bancos. Muchos de nuestra casta política tienen conexiones de hecho con empresas porque además se les permite por ley tenerlas mientras son diputados o incluso cuando cobran pensiones del Estado tras su jubilación política (el caso sangrante de Aznar o Felipe González), Cargan insólitamente las vacaciones con su familia y 100 personas a cuenta del Estado (Zapatero), cobran varios sueldos que suman cantidades ingentes, sin haber hecho otra cosa desde su juventud que ocupar cargos (Leyre Pajín), algunos cantidades escandalosas que les paga hasta su propio partido subvencionado con dinero público (Rajoy). Todo esto los descalifica. Y descalifica también cualquier razón que salga de sus solemnes bocas, porque ya sabemos, a la luz de hechos y datos, lo que hay detrás de sus llamamientos al orden ciudadano y al respeto a la convivencia. Sabemos que esos datos prueban que son ellos quienes hacen peligrar la democracia (y por tanto ellos son los verdaderos antisistema), quienes vulneran derechos básicos como la alimentación, la sanidad y la vivienda para todos, que van a convertir o han convertido en objeto de lucro especulativo a costa del masivo y raudo empobrecimiento de la población española. Gente que se comporta así, que se dota de privilegios cuando defienden crueles recortes sociales y el final del Estado de Bienestar, no son nuestros representantes. No lo merecen.Todavía más, las políticas que llevan a cabo y las leyes que hacen salen sin que antes en los programas se dijera. Y a veces, tales leyes tan democráticamente hechas por tan democráticos artífices son las que han permitido que 500.000 familias puedan ser desahuciadas despiadadamente por los bancos sin que condonen sus deudas, quedando condenadas a la miseria de por vida, adultos y niños. Y esto lo hemos estado viendo en silencio. Pero sobre todos nuestros jóvenes, sanos y avispados, han detectado este abismo entre su verborrea estadoderechista y democraticista y lo que de verdad está ocurriendo. Por eso, con total legitimidad moral y política, llenos de auténtica razón y justicia, salieron a la calle. La clase más castigada de todas por el paro como vaticinó que sería la tendencia del capitalismo neoliberal especulativo y financiero el gran economista Luis de Sebastián a principios de los noventa. Decía éste que bancos y microempresas se cebarían con los jóvenes, que los explotarían sobre todo a ellos (hace poco la CEOE ha vuelto a defender la prolongación de los contratos en prácticas, que son de hecho una humillante esclavitud para quienes todavía están fuertes y alegres, llenos de una vida que la CEOE se apresta a destruir convirtiéndola en dinero). Todo esto lo han visto y lo han denunciado: “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Los demás más mayores, como ayer reflejé en mi post, que asistíamos muchos asombrados a la humillación constante de un país entero en nombre de los números con el aval de la ley que se nos ordena respetar a toda costa, nos sumamos con gusto a esta revolución.

Yo no sé cómo evolucionará todo. Puede haber una opción que personalmente no me gusta demasiado: convertirnos en partido político y llegar al parlamento. No me creo que eso sea factible tal como están las cosas. Y otra opción que empieza a darse. La opción griega. Hagamos el país ingobernable. Sin violencia, como tanto he defendido, pero reforcemos la organización celular y reticular que ya tenemos, en pequeños comandos pacíficos de activismo que emprendan contundentes campañas de boicots (a las empresas que dictan la reforma laboral, a los grandes bancos, a medios de comunicación embusteros como El País o La Razón), retomemos la idea y estudiémosla de una masiva desobediencia civil como se hizo en día antes de las elecciones municipales con concentraciones masivas y como se hace al detener y obstaculizar los desahucios, emprendamos la denuncia y la investigación constante, el seguimiento a las actividades financieras y económicas de los poderes económicos y de los políticos. Surge una nueva solidaridad en una sociedad víctima de verdugos de buen nombre, de pseudodemocrático abolengo, de progres de caviar. Esos verdugos que nos instan a ser mudos, resignados, vejados ciudadanos en una falsa democracia, en una democracia traicionada por los que han montando el tinglado para que puedan decirnos que nos representan. Embusteros. Son los verdugos que están obscena e impunemente destrozando nuestra democracia, sin valores, sin escrúpulos, sin piedad con la gente sencilla que les vota confiadamente. Ante esto, creo que podemos y debemos hablar de una revolución, porque el poderoso se va a defender con todo su arsenal legal. Pero no podrán si nos empeñamos en una larga lucha, aunque requiera heroísmos o sacrificios, la misión es noble, porque se trata del esclavo que rompe sus cadenas. No queremos ser esclavos. Hagamos España ingobernable. Como Grecia, pero, como tanto he señalado, sin violencia, pacíficamente, con la más efectiva de las luchas que es la resistencia no violenta. Inventemos, creemos y sigamos debatiendo en asambleas o foros de Internet. Ya está bien. Hemos llegado a un punto, tras años de sumisión y silencio, que nadie puede soportar. En el nombre de la mera supervivencia, de manera urgente, echémonos a las calles, tomemos constantemente las calles, todo el tiempo que haga falta. Vendrá un otoño caliente. Porque los datos que pueden leerse en el link que he resaltado, sobre nuestra clase política, sobre quienes dicen representar la autoridad legítima y el orden, indican que nos conducen al desorden y al imperio de la inmoralidad. Estos datos por sí solos descalifican por completo a toda la clase política y debemos tenerlos muy presentes cuando con sus impecables trajes y coches de lujo nos llamen a “respetar la convivencia” y la "democracia", descalificándonos como antisistema. ¿Cómo se atreven a hablar, ellos, de justicia o de democracia? La autoridad legítima se gana con hechos, y ellos han demostrado que no la merecen.

Aquí la democracia representativa que tan denodadamente defiende El País nos ha conducido al desahucio de 500.000 familias que ni siquiera pueden condonar su deuda al perder su hogar, a los 5000000 de parados, a los paraísos fiscales, a la destrucción del Estado de Bienestar, al incremento espectacular de los casos de corrupción. En definitiva, a que se legisle en función de pactos y alianzas, obedeciendo consignas y persiguiendo estratégicamente los propios intereses personales que coinciden con los del partido que da de comer al representante. La democracia representativa tiene terribles patologías que podrían curarse fomentando un control y participación directos, desde abajo, ante el que los representantes tengan cada vez más que rendir cuentas a quienes les han votado. Esos representantes que en cuanto salen elegidos se suben los sueldos en plena crisis o vulneran derechos básicos mediante la aprobación de leyes y proyectos que no estaban en los programas y que significan un fraude al electorado. Mientras la inmoralidad y la falta de escrúpulos siga en una clase política que se asegura estructuralmente de que sus miembros sigan estos patrones de comportamiento (pues si no lo hacen, van a la calle) no hay democracia real. Así que menos echar mano de la legitimidad por parte de quienes actúan antes como verdugos del pueblo que como aliados. Podría dilatarme en ejemplos y datos, pero prefiero no abundar. Además, si esto lo lee alguno de nuestros democráticos representante sabrá bien de lo que estoy hablando. Como son inteligentes, les aplico con todo el respeto eso de "a buen entendedor, pocas palabras bastan".