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lunes, 19 de septiembre de 2011

15M: economía y política.


Se ha intentado a veces hacer creer que el 15M se encasilla en esa forma de intolerancia española que se llama desde antiguo “dos Españas” y que en particular el 15M representa a una de ellas (Esperanza Aguirre, p. e. lo ha insinuado). Falso. El 15M obedece a una coyuntura actualísima y trágica: la de una ciudadanía convertida en mercancía en manos de banqueros y políticos. Se trata de lo que cualquier persona siente lógicamente ante los abusos y la corrupción. Claro, cuando se nombra a los banqueros, enseguida alguien puede pensar que somos algo así como la Unión Soviética. Falso. Las medidas económicas aprobadas en distintas asambleas son buenas para pymes y trabajadores y jamás se ha planteado de un modo más allá de lo puntual una planificación total de la economía. Lo que tanto se combate es la tendencia del capitalismo actual (predicha por Marx, bien es cierto) a constituir monopolios y oligopolios que acaban asfixiando al propio libre mercado e imponiendo duras condiciones y precios a la población. En este proceso caen las pymes. Pero esto es corregible sin necesidad de establecer un régimen de tipo soviético. Según prestigiosos economistas como Juan Torres o Arcadi Oliveres, y también el profesor Vicenç Navarro, hay que emprender una política fiscal en la que paguen un poco más los más ricos (grandes bancos y corporaciones), que son quienes destruyen puestos de trabajo (Telefónica, p. e.) y sacan de España los beneficios, llevándolos en algunos casos a paraísos fiscales (en el mundo hay 8 billones de euros en paraísos fiscales). No se trata de fastidiar a las pymes, sino de lo contrario, que paguen lo justo y siempre menos que los grandes capitales. Además, según estos autores se trata de montar una pequeña red de empresas públicas y, aunque parezca paradójico, fomentar un mayor gasto público, lo que acabaría creando más puestos de trabajo y por tanto propiciando un consumo que haría remontar a muchas pymes. De un modo similar, con Keynes Europa y EEUU superaron una crisis muy seria y actualmente así funcionan países como Suecia que apenas están notando la crisis y que viven diría que opulentamente y con su sanidad, pensiones, etc. de calidad y aseguradas. Lo que pide el 15M, analizando sus textos y declaraciones, podría quedarse simplemente en una defensa o salvación del estado de bienestar. Y eso ni es comunismo ni es antisistema ni ningún otro calificativo del estilo que sobre todo la derecha tiende a poner al movimiento. Al contrario, se trata de defender un modelo que por más que digan que no, está probado que puede funcionar (estado del bienestar en Suecia) frente a otro que hace aguas por todas partes (neoliberalismo). Esto último es un hecho a la vista de los resultados mundiales y en la España de la absoluta desregulación de la economía financiera: hambrunas, burbuja inmobiliaria, etc. La crisis ha sido generada sobre todo, parece haber en esto unanimidad, por la especulación que no se regula y que obtiene sus ganancias inflando los precios (hay formas de hacerlo) y sin pagar impuestos apenas por ello. De hecho, decía ayer Antena 3 que la venta y el comercio de objetos de gran lujo (yates, etc.) ha incrementado sus cifras vertiginosamente en plena crisis. O sea, la venta de productos que sólo compran las grandes fortunas que, según este dato objetivo, han prosperado con la crisis, contra lo que muchas veces dice la derecha y la CEOE (que el empresario también sufre, que tiene pérdidas, etc.). Sufren las pymes dramáticamente, en efecto, pero no las megaempresas y bancos que dictan la reforma laboral a Zapatero. 

El caso es que las medidas económicas que plantea el 15M se pueden hacer. Y se deben hacer, porque mientras no haya una reestructuración de la economía en la línea que apuntamos, la democracia será papel mojado. Lo hemos comprobado con la vergonzosa reforma constitucional emprendida recientemente por quienes han pasado años cacareando lo difícil que era reformar nuestra constitución (se le contestó esto al 15M cuando pedía reformas en la constitución). Resulta que ahora sí se reforma de urgencia y de un modo “técnico” (eufemismo empleado por Saenz de Santamaría) para obedecer a los “mercados”. Por cierto, estos mercados, no son, como decía hoy en televisión un economista liberal entrevistado por Ana Pastor en Los desayunos de TVE, cualquiera de nosotros, cualquier grupo o persona que quiera comprar y hacer dinero con lo que compra, sino grupos y capitales concentrados y muy concretos, incluso a veces personas con nombres y apellidos, que tienen en su poder el manejo de precios, calificaciones de la deuda (agencias de rating), dar o no dar hipotecas, inversiones gigantescas, retirar fondos y acciones, etc. Los mercados no son un ente libre, sino que, en la versión neoliberal que presume, paradójicamente, de basarse en la libertad, son grupos de poder que desde una posición de partida privilegiada coaccionan, como señalaba Marx, pues son capaces de a golpe de inversión decidir si caen o mantienen a gobiernos enteros. Así, uno puede justificar las presiones recibidas por Zapatero por estos focos de poder. Pero si es cierto que nos representaba y que era un democrático dirigente, debería haber actuado de otro modo. Yo jamás, por mucho que me presionen, colaboraría con algo que mata y genera tantísimo sufrimiento. Así, cabe preguntarle y echarle en cara por qué no dimitió y lo contó todo. Quizás lo veamos tras perder las elecciones como a sus predecesores González y Aznar muy bien situado en el mundo del dinero y el poder fáctico. González, por ejemplo, es casi el dueño de Gas Natural y uno de los mayores empresarios de España. Si uno, en cambio, dimite y cuenta lo que pasa, corre el riesgo de terminar hecho un paria o un descamisado. La moral de nuestros representantes no parece aceptar esta última posibilidad.

Así que el 15M no es ultraizquierdismo a la soviética. Conste que estoy describiendo lo que leo en documentos de asambleas, y no dando mi opinión concreta y mi afiliación política, al menos en estos momentos. Es verdad que uno puede encontrar grupos de extrema izquierda o anarquistas en las asambleas. Bueno, ¿y qué? Que hablen, den razones y convenzan. Si algún grupo pretende manipular, la solución no es descalificar al movimiento asambleario, sino educar y concienciar para resistir a la manipulación en una asamblea. Algo de esto se intuye porque han predominado los talleres de “asamblea” para defenderse en público, en principio, pero cabe imaginar que alguien los plantee pensando cómo detectar y vencer a los manipuladores de todos los colores en un grupo que argumenta y discute, que los hay. Una asamblea, por muy víctima que sea de la deseducación de la que todos hemos sido objeto, es soberana. Y todos debemos aceptar los derroteros por los que transcurre en su aprendizaje, humildemente. Se trata, en principio, de que hable gente que nunca ha podido hablar. Pero todavía más, y aquí tal vez Hannah Arendt se quede corta, es preciso que puedan ser realmente escuchados y atendidos. En especial pienso en los poderes de una democracia representativa que no escuchan sino a los “mercados” como acabamos de demostrar.
Así pues, no basta con un mero espacio formal de discusión y toma de decisiones. Hay que combinar esto con unos requisitos y condiciones en la economía que impidan a toda costa la proliferación de grandes monopolios que asfixien la economía y el bienestar de la gente. Si no hay una desactivación del poder cuyo origen es la economía que verdaderamente manda en España, no podemos aspirar a reformas desde arriba (ni desde abajo). Hay que suprimir este obstáculo económico para poder hablar y ser escuchado. Jefferson lo intuyó pero no pudo ni supo hacer para evitar que los bancos acabaran, como él temía, destruyendo la democracia norteamericana. En el fondo este discurso, que se diga o no tiene un evidente trasfondo liberal, es un discurso elitista que opera a un mero nivel discursivo que cree garantizar los derechos con su formulación. Se ha pretendido corregir esto con el fomento de políticas económicas de subvenciones a ONG o la prensa libre, como condiciones materiales para una democracia efectiva. Pero el capitalismo desregulado acaba tragándose todo esto. 

Por cierto, debo recordar que el mismísimo Papa Benedicto XVI me dejó boquiabierto este pasado verano cuando en el avión que lo transportaba de Roma a Madrid para presidir las JMJ contestó a la pregunta de un periodista sobre su opinión en torno a la crisis económica. El Pontífice proclamó (en un italiano que en la tele subtitularon en español) que había que regular los mercados financieros e incorporar criterios éticos en la economía, que no puede ser considerada algo frío como si no tuviera repercusiones en el sufrimiento de mucha gente. El propio Papa daba, pues, la razón al 15M. Lástima que tanto los medios como la propia Iglesia jerárquica española y políticos se hayan empeñado en la triste imagen de las dos Españas y en contraponer cristianismo a 15M. Es cierto, y yo lo he detecto, que hay una fuerte sensibilidad anticlerical en alguna asamblea. Es cierto que no se entiende que el cristianismo por fortuna es más que la Iglesia y que el Papa. Digamos que esto hay que respetarlo y en cualquier caso preguntarse humildemente la Iglesia por qué un movimiento de objetivos tan evangélicos se siente visceralmente ajeno a ella. Por otro lado, hay que destacar y recordar a quien su cristianismo lo aleje del 15M que en el 15M hay muchos cristianos y que el movimiento laico que se oponía a la financiación de la visita papal estaba formado en su mayor parte por agrupaciones cristianas como Redes Cristianas. No hay oposición entre los evangelios y lo que yo he podido contemplar en muchas asambleas, al menos de Granada. De todos modos, la interpretación de lo que uno vive y ve es lo de menos. Cristianismo o no cristianismo, da igual. Era gente que por primera vez en más de treinta años en España creían de verdad en la fraternidad y la hemos estado viviendo como buenamente hemos podido y nos han dejado los medios, la policía, los políticos y los banqueros. 

Es verdad que debe haber un orden y una organización. Pero no defenderé jamás que el orden deba prevalecer antes que la justicia. Esta ha sido la coartada siempre del conservadurismo de barriga llena y, aunque mi barriga está llena, mi afán de verdad, de captar la realidad, de inteligir, de ser honesto epistemológicamente, me obliga a escuchar a la mayoría que sufre y pasa hambre. No es una mera cuestión moral, sino de captación completa de la realidad. Un discurso sobre el orden y el espacio político en el que todos podemos hablar y expresarnos debe callarse y ceder la voz ante el horror de un desahucio sin aceptación de la dación en pago. Es la víctima quien sabe algo del orden que lo mismo quien tiene su barriga bien llena no sabe ni puede captar. El Vaticano no es sólo el Vaticano de Roma. Hay muchos Vaticanos desde los cuales es difícil contemplar el horror que cimenta a un mundo anegado en sangre y en el que por tanto hay un mal concreto y definible en la medida que genera dicho horror. 

Ahora sí me voy a pronunciar un poco en cuanto a mi opinión política. Este mal generador de sangre y de horror yo lo llamo “capitalismo”, al menos, economía de mercado totalmente desregulada o neoliberalismo. Así, valen viejos términos que yo (no el 15M que mayoritariamente usa otro lenguaje para expresarse) sí uso porque son eficaces para describir y combatir el sufrimiento que me conmueve. Yo sí usaría de nuevo “clase social”, “burguesía”, “capitalismo”, “ideología”. Hay una estructura que en su conjunto, por los efectos que produce, puede ser tachada de maligna. Así, quien contribuye abiertamente a su perpetuación, con mayor o menos cinismo, consciente o inconscientemente, es culpable de ese mal. Un mal entre males. No se trata, como se puede acusar a este discurso, de estereotipos o maniqueísmo barato o grosero. Es que lo que produce tal cantidad de sufrimiento en el mundo es obviamente malo. Es malo como orden. Es un orden malo. Y si no se cree, invito a cualquiera que enarbole bellos discursos en el primer mundo a que resista un año en el tercer mundo, a ver si sobrevive. Así, considero que la actual estructuración de la economía y de la política a su servicio no es deseable ni merece anteponerse a la “justicia”, entendiendo por “justicia” la mitigación de tan ingente cantidad de dolor. Justificar este orden actual es justificar el dolor que produce y es participar, por tanto, del mal. Claro que esto ocurre, de hecho, de maneras muy sutiles. Nuestro mundo ha devenido en un desdoblamiento que sirve a este orden maligno: el del discurso meramente formal de la democracia representativa y, por otro lado, una estructura fáctica que opera contra lo defendido y manifestado por dicho discurso (o sea, que nuestra Constitución es mera ideología. No encuentro mejor palabra para denunciar este hecho). Una constitución como la española no ha fundado un orden bueno. Salta a la vista. Aun al contrario, sirve para justificar el expolio masivo y el sacrificio de los inocentes. A quien no indigne esto y por tanto no lo incorpore a su discurso y militancia política habría que situarlo en el lugar del padre de familia parado y desahuciado, si no queremos irnos tan lejos como decía antes. La sabiduría depende del lugar que ocupamos, está claro. Según donde estemos podemos ver más o menos. Pero a quienes por ahora vivimos bien, como pequeños burgueses, nos queda al menos, dentro de la complejidad de la razón, la posibilidad de escuchar y de utilizar la inteligencia empática. Es a partir de esta inteligencia que el legislador debería legislar. Pero no lo hace, porque nuestro sistema político y constitución permiten que no lo haga así. Están hechos para eso y convendría en este sentido estudiar a fondo la historia reciente y la Transición.

Así, habría que combinar educación y toma del poder, que a nivel simbólico es igual a tomar la calle. Es lo que hace el 15M como puede. Somos gente de distinta condición, creencias, ideas, edades, etc. Sufrimos nuestras inercias sociales y habitus. Pero estamos en medio de un intento serio de tomar conciencia y de participar en nuestro destino político, de forjar un marco auténticamente democrático. Es natural que haya errores y que nos traicionen las inercias: desde quien no sabe argumentar sus opiniones, o hablar en público, o detectar manipuladores, o escuchar pacientemente atendiendo a los argumentos, etc. todos somos falibles. Nadie habla aquí de pureza o de un bien absoluto o rousseauniana voluntad general. Lo único que el lenguaje y la educación nos traiciona. Pero esto no debe impedir que prosigamos. Cuanto haga falta. Habrá que aprender, desde luego, a detectar los dobles discursos. Es decir, y a riesgo de que me tachen de fomentar paranoias o purgas estalinistas, hay que aprender que quien habla está en un sitio y tiene intereses de mucho tipo. Para hablar honestamente en una asamblea, además de estar formado, hay que querer mostrar todas las cartas. No vale argumentar una cosa y defender lo que sea dando unas razones cuando en realidad pesan otras. Esta honestidad en la discusión, este mostrar a las claras lo que le mueve a uno a defender algo, ha sido defendida por ejemplo por Habermas. No es una cuestión de ser mejor o peor moralmente, sino de precisión argumentativa y verdad. Se debe exigir a cualquier persona que hable en una asamblea que diga de verdad por qué defiende lo que defiende. Y que lo haga alegando las auténticas razones si es consciente de ellas. Así, todos en la asamblea, estaremos más cercanos de la verdad y de una captación eficaz y racional de la realidad, lo cual incidirá, sin lugar a dudas, en mejores decisiones. No es tanto una caza de brujas o purga, aunque siempre estará el listillo que nos acuse de ello, ni de la búsqueda de una pureza revolucionaria, o virtud, o jacobina carencia de hipocresía, sino de un saber mirar para que cuando el lobo viene disfrazado de cordero para morder, no nos muerda. Eso es todo. El lobo no es un demonio y yo no soy un ángel, sino que yo soy Marcos y para sobrevivir tengo que detectar bajo los disfraces a quienes pueden hacer daño y morder. Porque hay muchas formas de morder. En este sentido, y lo he hablado con buenos amigos, es fundamental que en adelante el 15M detecte en su seno a estos submarinos o topos que juegan a varias cartas sin mostrar su verdadera realidad. Hemos de exigir claridad y honestidad o los profesionales del embuste y la política en su peor y más feamente maquiavélico aspecto, nos venzcerán y desactivarán. Un partido político con representación parlamentaria (en especial PSOE y PP) o un sindicato oficial son escuelas de manipulación e ingeniería social. Una asamblea de pongamos 600 personas puede ser manipulada por 3 o 4 si están en el ajo y bien organizados y sincronizados. Si el 15M quiere sobrevivir como movimiento de base democrático y asambleario debe aprender, todos debemos aprender, a señalar y denunciar a los boicoteadores. 

El poderoso emplea a veces el terror o a veces da caramelos, y así muchos venden hasta a su madre. Y no hay por qué decirlo. Uno puede dejarse comprar y otro puede comprar sin que haya mala conciencia ni nadie diga nada. Son los entresijos del poder que tan bien describe una lectura imprescindible para entender estas cosas: Manuel Vázquez Montalbán. Así, el peligro es que nuestros jóvenes se dejen engañar. Espero que algo tan positivo como es el 15M no caiga ante críticas o maniobras de turbios intereses que no van más allá del propio bolsillo, prestigio, rango social o puesto político. Denunciemos esto sin piedad. Denunciemos la razón estratégica de quienes quieren hacer de la política no tanto un proyecto colectivo de felicidad sino un juego doble y triple de enredados intereses que renuncian a la ética del bien común llamándola fascismo. Vaya tela esto último, por cierto.