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lunes, 3 de octubre de 2011

El mayor peligro para el 15M


Identifiquemos a quienes desde organizaciones ajenas al 15M o próximos a ellas, como son los sindicatos mayoritarios y los partidos políticos, van a intentar que nos aburramos y disolver el movimiento. Dirán cosas, fingiendo estar dentro, como "hay que ser prácticos", "no pedimos cosas concretas", "somos caóticos", "falta organización", "así no se va a ningún sitio". Intentarán evitar y desacreditar el activismo de calle y boicotearán si pueden el recurso de las distintas asambleas a la desobediencia civil (desahucios), por ejemplo, o dirán que el 15M es violento y fanático, acusándolo de tener un sesgo maniqueo en los análisis, discursos o documentos de las asambleas. Los “submarinos” subrayarán el carácter democrático de nuestras actuales leyes y policía, disminuyendo su factor coactivo como instrumentos de un poder bien compacto y definido (clase política y oligarquías). Dirán que cuando criticamos a los políticos, por ejemplo, se trata de “tópicos sobre la clase política”, o cuando cuestionamos la economía desregulada, las oligarquías o la ley en la España actual como instrumento de dominación de unos pocos sobre muchos, dirán que son ideas trasnochadas. Tampoco les gusta la palabra “ideología”, que precisamente incide en la función legitimadora de muchos de sus bellos discursos. Su estrategia va a ser llevar la discusión al terreno de la política evitando los temas económicos, es decir, a enriquecer y discutir sobre la libertad, pero mitigar los fenómenos de dominación económica que nos ha arrojado de hecho a la calle. Serán a veces personas de izquierda light que llamará a lo no light “fanatismo” o incluso “totalitarismo”. Jamás pondrán el acento en los elementos fuertemente totalitarios de nuestro Estado, el pensamiento único y el control de la prensa (para fundamentarlo más adelante  escribiré un post). Se tratará, en el fondo, del mismo discurso de la derecha pero más disimulado. Es discurso que antepone el orden de todo el  mundo en casita, calladito y votando cada cuatro años, a la verdad, la libertad y la justicia.

Ahora los agentes dentro del 15M procedentes de tales organizaciones sindicales y políticas van a aprovecharse de nuestro desconocimiento del activismo político, de la falta de memoria histórica acerca de cómo se las gastan en estas organizaciones, o simplemente de que nos vayamos cansando, o de alguna trifulca, para decirnos: "no sabéis hacerlo", "sois violentos", "sois ignorantes", para llevarnos sutilmente a la conclusión de que hay que dejar participar a los sindicatos y que ellos cobren el protagonismo. Van a querernos hacer creer que la receta es más de lo que hay y que lo que hay está bien (aun cuando nos hayamos opuesto a lo que hay bajo el lema no somos mercancía en manos de políticos y banqueros").

Digo esto como una especie de regla para detectar maniobras que surgiendo aparentemente dentro de asambleas o del 15M, respondan a los intereses de partidos políticos y sindicatos. Porque alguien con cargo o militancia activa en los sindicatos, se debe a su organización y es natural que trate de llevar a ella el 15M. Las cúpulas al menos de los sindicatos mayoritarios están compradas, pues abundan sus miembros con puestos en el gobierno, congreso de los diputados y Junta de Andalucía. Desde el sindicalismo se accede al poder político. Ambas esferas de la política representativa se intercomunican y no siempre en pos del bien común. Al menos esto último no está suficientemente garantizado en nuestras estructuras organizativas, a fecha de hoy. Precisamente, una posibilidad del 15M sería reestructurar el modelo de organización para evitar corruptelas, pero nunca podría apoyarse en lo que hay, que fue lo que ha originado nuestro dolor y sufrimiento como para salir a las calles. Hay cosas ya tan perdidas y podridas de las cuales es más seguro prescindir, y mantener un 15M que, en caso de optar por el sistema representativo, inicie su navegación con siglas propias.
Otro dato que nos induce a resguardarnos de la peligrosidad de las organizaciones sindicales existentes son las subvenciones y los cargos de liberado. Sería lógico tener liberados si éstos no se hubieran estado callando una década entera sobre el Plan Bolonia, los desahucios sin dación en pago y los desmanes de la Junta de Andalucía, por ejemplo. Puede haber gente honrada y buena, pero la estructura está copada y controlada por gente que hace que un sindicato se dedique a resolverte problemas y quizás ponerte abogados, pero para así convencernos de que el sindicalismo no está para ponerles problemas a los políticos y gobiernos. Suavizan los conflictos, pero no los erradican, porque los grandes sindicatos están hechos ya para mantener lo que hay, el sistema político y económico actual. Por eso, insisto, no nos valen. En internet abundan datos y noticias de escándalos protagonizados por estos sindicatos que pueden ser investigados, contrastados y creídos o no. Pero un hecho incuestionable es que el 15M ha surgido a espaldas de los sindicatos.

Un activismo de calle constante como el del 15M es, ciertamente, agotador. De hecho, también desde las organizaciones que tratar de infiltrarse y absorber el 15M se juega la baza del aburrimiento para decirnos: “¿veis? ¿Teníamos razón? ¡Dejad que nuestros liberados os resuelvan los problemas! Y algunos problemas se resolverán, pero muchos no lo harán, como por ejemplo los desahucios o el robo masivo que estamos sufriendo bajo el nombre de “crisis económica” al que los sindicatos han contribuido firmando la reforma laboral. Así, estos sindicatos o partidos de izquierda light se han dedicado a vivir de las rentas de lo que siempre comenzó y fue un contundente activismo de calle, pero ahora cuestionan el activismo de calle llamándolo, aunque sea justo y pacífico, "violencia", "ilegalidad", "desorganización", "antisistema".

Es de temer cuando un reconocido militante o dirigente o cargo o liberado de uno de estos sindicatos se nos acerca. Hay que mantener la reserva que no es equivalente a una purga o pureza revolucionaria, sino a que al lobo hay que verlo venir para que no nos muerda. El 15 puede hacer lo que le dé la gana, pero será efectivo si sigue ese activismo de calle que los “infiltrados” jugarán a mantener pero que en realidad buscarán frenar destrozando ánimos y esperanzas. No se trata de negar a nadie la entrada, pero sí de detectar cuándo alguien nos trata de manipular y oculta sus verdaderas intenciones y razones para defender la cosa que esté defendiendo. No hablo siquiera de culpar a la hipocresía o de ser intachable moralmente, sino de saber en qué lugar nos movemos. Estar atentos es un requerimiento epistemológico para entender la realidad en la que estamos. Pues eso.

En realidad sólo llamo a estar un poco sobre aviso, nada más. Sería para mí más cómodo pensar que todos son lo que muestran, pero la política, hasta la fecha, es muy sucia, al menos la pólitica contra la cual se alza el 15M. Las organizaciones funcionan con una suerte de razón estratégica y se defienden y justifican a sí mismas, por eso mi recelo. Sé cómo se las gastan en muchas de esas organizaciones y entra en su lógica querer absorbernos y desactivar la agitación callejera.

Las opciones son muchas. Puede ser que se opte por institucionalizarnos como partido, como sindicato o como otro tipo de organización. O seguir como plataforma de activismo en distintos frentes. Todas las opciones tienen su lado razonable y podrían llevarse a cabo. Debe, lógicamente, debatirse y en este sentido son buenas las críticas. Todo eso está bien y no me estoy pronunciando acerca de si el bueno o no entrar como partido propio en la lucha política institucional convencional. Podría ser que eso funcionara, no sé. Pero lo que me acarrea serias sospechas es que alguna persona que estando supuestamente dentro de nuestro movimiento que surgió como contestación a los banqueros y políticos que nos hacen su mercancía, ahora sugiera que tenemos que confiar en los susodichos políticos y siglas que nos sacaron indignados a la calle el 15M. Esta última opción huele a gato encerrado y nadie en sus cabales, y lo digo desde la más pura lógica y el sentido común, puede ahora venir diciendo que confiemos en  los partidos o sindicatos existentes porque ellos sí están organizados, formados y luchan con armas efectivas. Si algo es evidente tras el 15M es que gran parte de la ciudadanía ha dado la espalda a unos sindicatos que nos han dado la espalda durante décadas. No puede ahora alguien ver una extraña luz y querer convencernos de que CCOO y UGT están para hacer lo que pide y quiere el 15M. Si vienen a opinar, que vengan, pero sin trampa ni cartón.

Si una autocrítica esgrimida desde el seno del 15M implica la conclusión de que lo que hay está bien y que la receta es más de lo mismo se trata de una peligrosa crítica destructiva y de una impostura. El 15M no puede lógicamente llegar a la conclusión de que debe disolverse y retornar a casa para votar cada cuatro años y confiar en profesionales de la política. O sea, si la solución al daño que nos sacó a la calle es que volvamos a confiar en las leyes y la democracia representativa y, sobre todo, en los políticos actuales del régimen bipartidista, esa crítica es una manipulación interesada formulada bajo un principio de estrategia y de instrumentalización del 15M. A partir de aquí, hecha esta advertencia, por supuesto debe haber autocrítica y disparidad de opciones. Pero ojo con muchas formas de criticar que tienden a mermar la confianza y el empoderamiento de la gente humilde que no hemos tenido más remedio, ante el expolio y la injusticia, tras años de paciencia, que salir a la calle. Y conste que en el 15M no todo son críticas negativas, sino que desde el principio hay propuestas muy concretas, razonables y factibles que ni PP ni PSOE hacen porque no quieren. Ante esto, hagámonos partido, sindicato o plataforma legalizada, y sigamos el activismo de calle, sigamos creciendo, con aplomo y tenacidad, pero no concibo que a estas alturas se le ocurra a nadie que la solución es integrarse desapareciendo y siendo absorbidos por los comités y subcomités de los susodichos partidos o sindicatos.