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sábado, 15 de octubre de 2011

La filosofía del 15M: las dos dimensiones de lo humano.

El último Foucault se interesó por la filosofía helenística y sobre todo por el pensamiento estoico romano (Séneca) y por la filosofía de los primeros pensadores cristianos y la patrística (Agustín, por ejemplo). Se trata de un periodo ya final de ese movimiento del pensar libre y desafiante que fue el ejecutado por el filósofo francés. Este periodo, aunque menos conocido, merece ser estudiado con detenimiento y considerado con respeto. Creo que Foucault fue, sobre todo, un filósofo, porque aplicó elementos o virtudes tan filosóficos como son la duda y la valentía al pensamiento. Al final se centró en la construcción del propio self al estilo que él veía en los antiguos estoicos, una construcción siempre en abierta y valerosa relación con la nada y la muerte, pero que, positivamente, pretendía ser la de un self que decide estéticamente recrearse asumiendo un cierto norte moral o normativo que se combina con un ethos personal. Es el tan nietzscheano pintar la propia vida y existencia singular. Según leo en Miller, llegó a proferir: “Jugar con la estructura –transformar y transformar sus límites- es diferente que jugar dentro de la estructura. Los artistas tienen más libertad que nunca” (p. 473).

Al margen de la conocida crítica habermasiana a Foucault que ya expusimos en este blog al hilo de la lectura de El discurso filosófico de la modernidad, libro muy recomendable del autor reilustrado alemán, y de los peligros e inconsecuencias de emprender una lucha política bajo el disolvente trasfondo nietzscheano de un pensar que no ya siendo crítico, sino ácido, se disuelve a sí mismo hasta la nada, sí podemos recomendar el juego escéptico y nihilizante en un sentido de nihilismo activo, por tanto, creativo y dinámico, de Foucault. Como todo el amplio ramaje escéptico que acompaña a la filosofía desde sus inicios, como la propia nada y la muerte que vetean el ser y nuestra existencia, resulta un baño saludable no ya el paso por el mismo sino su arriesgada asunción. Foucault llegó a entender la Ilustración, según leo en el libro de James Miller que estoy concluyendo, y en el contexto de un diálogo con el propio Habermas, como la pregunta por la propia razón que conduce a un auto cuestionamiento de la misma razón. Así, Foucault conecta a su manera y de un modo extremadamente personal con autores coetáneos del pensamiento de la diferencia (Deleuze) y con la tradición nietzscheano-heideggeriana. Mi preocupación en estos días de 15M es las consecuencias políticas y el ethos que se puede desprender de este pensamiento que ha sabido ver y entender que a todo lugar o espacio arquitectónico lo atraviesan no lugares, por ceñirnos a la metáfora espacial. Esto puede ser tomado de muchos modos. A mi juicio, y aquí, por ahora, creo que la visión que finalmente tuvo del cristianismo Foucault, al hilo del estudio del ascetismo monacal de San Antonio, tiene un elemento acertado que debe ampliarse para provecho de nuestro bios y ethos (político) presente. Se trata de la vieja intuición cristina, que data desde la mismísima cruz y muerte del Nazareno, de que a nuestra afirmación vital corresponde una nada paralela. Esto es algo que curiosamente discrepa de la interpretación clásica ya de un Nietzsche acaso demasiado cegado por el macabro y morboso juego de mortificación y castración de gran parte del cristianismo, de su realización histórica vinculada a la dominación y al control de la vida mediante la asfixia de la vida. Nietzsche criticó lo que él llamo “nihilismo reactivo” que niega la vida, su juego y su proteica pluralidad, en la tradición más tenebrosa, en efecto, y ligada al poder, del cristianismo. Sin embargo, parece que el último Foucault supo ver que en el cristianismo hay también un cierto nihilismo creativo o, como llamaba Nietzsche a este tipo de nihilismo, un nihilismo activo. Esto consiste en un recuerdo que aunque perturbador que nos puede paralizar y dejar en un terrible pasmo, como es el memento mori de la tradición cristiana, puede también ser fuente, aunque suene a paradoja, de vitalidad y de esplendorosa realización de la vida concreta y carnal, como recogiera en la antigüedad pagana el horaciano “carpe diem”. Así, lo que hoy sábado 15 de octubre va a vivirse, las más de ochocientas manifestaciones en el mundo, puede leerse como algo tan cristiano, pero también pagano, como es el carpe diem. Es como si en la exaltación y afirmación de la vida humana se procediera del peligroso recuerdo (como lo llama el teólogo austriaco Metz) de esos vacíos, no lugares y carencias que constituyen silenciosamente nuestro presente vital. Es desde ese no lugar, que en nuestra sociedad española se ha convertido tristemente en una realidad tangible con los desahucios, desde el que ocupamos el lugar de la política, como portadores y amplificadores de la voz de tales silenciados e invisibilizadas familias que han sido despojadas de su espacio y, del mismo modo, de su dignidad, de su lugar en la economía, la sociedad y la historia. Así, creo que a la concepción senequista del cuidado del propio bios, del cuidado de sí, el 15M aporta, tal como en los márgenes de su propia historia también lo ha hecho el cristianismo, una perspectiva vertical que se expresa en el señorío de los nadies, de los ninguneados y de los testigos (mártires) anónimos de que en la historia hasta la fecha vence y ha vencido la dominación de unos pocos sobre la gran mayoría. Así, el cristianismo ha llamado a esta dimensión activamente nihilizante de distintas maneras, a este no lugar que ocupa o trata de ocupar el lugar ordenado por la arquitectura del poder político y económico dominante (las plazas ocupadas por el 15M en las acampadas). Se trata de la “comunión de los santos”, del “Señor” al que uno se dirige y que manifiesta un desbordamiento del presente en el que irrumpen peligrosamente los excluidos, los últimos en la economía, la política y la historia. Es lo que, en mi modesta interpretación, puede conectar las dos dimensiones que debe tener el 15M, ambas presentes desde el principio del movimiento y tangibles y encarnadas en las plazas y concentraciones. Una dimensión práctica que puede demandar políticas concretas y que tiene la virtud estratégica de callar la boca al poder que se defiende achacándonos falsamente que no sabemos qué hacer y que no proponemos medidas concretas. Además, el poder queda al desnudo y descubierto como totalitario, antidemocrático y servidor de las oligarquías de banca y CEOE, cuando, como ha ocurrido en el caso del PSOE, se ha visto obligado, según parece, a excluir de su programa electoral la propuesta de aceptar la dación en pago para saldar una hipoteca, o sea, que la hipoteca se salde, como ocurre en prácticamente todos los países, con la entrega del bien hipotecado. Se le puede así ver el plumero a los que tratan de articular el espacio político a su sombría imagen y semejanza, bajo el culto del ese Baal que llamamos dinero. El 15M al demandar como hace desde un principio cosas concretas, señala que el rey está desnudo, como en el conocido cuento de Andersen. El poder entonces negará tales demandas, incluso para exacerbar el sentimiento de agresión que espera despierte una reacción violenta en el 15M y poder reprimir de manera justificada al 15M. Esto hay que saberlo para no caer en el juego de la violencia en el que el poder está deseando que caigamos, para desprestigiarnos y vencernos con el monopolio de la violencia, la moral, las leyes y las creencias que detenta.

Pero hoy, en las manifestaciones, se va a ver lo que lleva estando presente también desde el principio. Se trata del nervio filosófico que subyace al 15M y que en mi comparación entre el estoicismo de Séneca y el cristianismo entiendo que aporta el cristianismo a la antigüedad pagana. Al menos en los textos que nos han llegado, tal vez producto del filtro y la censura de la historia, la imagen de la irrupción en la conciencia del oprimido ha sido la mayor aportación del cristianismo al sabio pensamiento antiguo pagano del propio Séneca. Esto lo estudiaré e intentaré justificar más adelante, en próximos trabajos, pero hoy me interesa enfatizar que esta intuición cristiana de una dimensión vertical que llena de abismo, de no lugar y de esa versión histórica de la nada que es el sufrimiento de los inocentes y la pobreza, una dimensión que intenta conmover la plana horizontalidad del momento presente, de los dogmas del mundo capitalista y consumista, del poder del dinero que como señalaba Marx animaliza y cosifica a las personas, esa dimensión está en el 15M intentando deshacer con un nihilismo sano o incluso, por irnos a otra manera de verlo, con una dialéctica negativa (Adorno) un presente construido por los hombres contra los hombres. Eso es, a día de hoy, creo, el 15M. Sabio, porque ha sabido que para celebrar la vida, en sus acampadas, batucadas y lucha mansa y pacífica, debe estar el aciago recuerdo disolvente de la nada que hasta ahora ha ensangrentado la historia. Y desde esa impresencia trata de re-hacer, re-construir y, como el sabio estoico, de re-crear la vida.