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miércoles, 14 de marzo de 2012

La captación del elemento político de la escuela.


En Ideología y currículo, el pedagogo crítico Apple establece unas líneas de lo que viene a ser una mirada a la escuela que supere y cuestione las concepciones liberales en torno a la misma. Parte de la noción de ideología que toma en su doble acepción de racionalizaciones encubridoras y justificadoras del statu quo social y, por otro lado, de conjunto de ideas y creencias que definen la realidad social y le dan sentido interpretándola. Sin embargo, de hecho, Apple usa el concepto de ideología en el primer sentido. Aplicándolo a la escuela, tenemos varias consecuencias que contradicen la concepción liberal de la enseñanza. Sobre todo, decir que el currículo o la escuela en general cumplen una función ideológica equivale a decir que no puede entenderse la escuela sin la trama relacional con la que se engarza en un sistema mayor social que la incluye. Como hemos tratado a menudo en este blog, siguiendo sobre todo a autores de inspiración marxista (aunque no son ni mucho menos los únicos que lo dicen), los “objetos” de la realidad social sólo se entienden en su interrelación, según el nicho social que ocupan y los vínculos que establecen con otros factores sociales de tipo político o económico. Son realidades intrínsecamente relacionales que no captamos bien usando un pensamiento substancialista. Como dijimos ayer, el concepto, entendido dialécticamente, no capta una esencia metafísica real, sino lo que algo es por estar donde está. Una captación que nunca es absoluta y que justo por eso obliga a un constante movimiento en el pensar.

Apple sobre todo enfatiza el papel de la estructura económica del capitalismo tardío como marco desde el que se puede explicar gran parte de lo que sucede en la escuela, pero sin que esto quiera decir que recurre a causalidades lineales ni determinismos fáciles. Además de la tradición más ortodoxamente marxista, ha habido a lo largo del siglo XX notables autores que como Pierre Bourdieu, nos ayudan a matizar estas causalidades y a comprender la enorme y enmarañada complejidad de cualquier institución o realidad social. Es a Bourdieu a quien Apple a menudo mira y menciona. Aunque no abandona la fe en la prevalencia de la estructura económica capitalista para explicar mucho de la escuela. Es decir, que antes de abordar el estudio particular de la institución escolar hay que estudiar a fondo la realidad económica que en este blog hemos señalado a menudo como factor clave de muchas construcciones que hacemos a nivel ideológico de la realidad. Por ejemplo, es desde la necesidad capitalista de un conocimiento técnico que además de incidir en la producción mucho más directamente que otro, también posee la ventaja, desde la concepción capitalista, de establecer limpiamente las dinámicas de control y jerarquización dentro y fuera de la escuela, por lo que en el currículo se ha fomentado este tipo de conocimiento. Como ya hemos señalado en el blog, la mirada capitalista obra cuantificando y eludiendo los elementos más cualitativos de la realidad. Esta conversión de la realidad y del “capital humano” en cantidades facilita su control y manejo, como paradigma para ordenar a las personas y como forma de evitar toda racionalidad que no sea instrumental y de medios-fines. Como ha señalado Habermas esto es una invasión por la que partes de la realidad social y humana son filtradas y manejadas como si fueran parte del mundo de la empresa y de la economía.

Apple menciona a menudo a Gramsci y su idea del intelectual orgánico. Es contra este modelo de intelectual, que sería el que adopta la mirada estructural y global que comprende bien las relaciones establecidas entre la escuela y la economía, como se erige el modelo liberal. Para el intelectual liberal que aborda la problemática escolar, lo primero que pasa es que no hay tal problemática. La escuela sería un mundo limpio en el que se puede obrar desde cero mediante el ejercicio de un pensamiento autónomo. Es decir, en el ámbito de la escuela puede transformarse a fuerza de razón a la humanidad, mediante la pedagogía exclusivamente. Este ejercicio limpio de la razón y de la educación adopta un lenguaje y un marco teórico despolitizado, ahistórico y supuestamente neutral. De hecho, el liberal puede reaccionar virulentamente contra toda intromisión “política” en el “aséptico” tinglado de la escuela. Cree que la función de ésta es garantizar la igualdad de oportunidades concediendo un mismo y muy necesario para la productividad capital cultural a los niños. Se vería de un modo un tanto utópico la escuela como agente de mejora económica y transformación, que prepara para “el mundo de hoy” (el del libre mercado) a los niños. El pensamiento liberal es, dice Apple, individualista y abstracto.

Esta mirada liberal, sin embargo, resulta insuficiente para explicar algunos fenómenos asociados a la escuela y que sólo puede abordarlos el liberalismo considerándolos “patologías” o “aberraciones” que hay que superar con más racionalidad (instrumental) y menos razón simbólica o política. De hecho, se suele acusar de manipulación o adoctrinamiento a todo intento de vincular la mejora de la sociedad pretendida en la escuela con una normatividad exterior a esta razón instrumental, pero se es ciego para aceptar que esta mirada liberal supuestamente neutral esconde un fuerte componente político e ideológico. Son los intelectuales inorgánicos los responsables de que ocurra esto, o sea, de que lo político adopte un ropaje de cientificidad y neutralidad. Para estos intelectuales que obran como ideólogos del capitalismo todo intento de cuestionar el marco social que envuelve y justifica una escuela marcada por la técnica y la razón instrumental entra en el campo de lo valorativo y justo por eso es desechada. En efecto, para salirnos del entramado liberal de la escuela hemos de asumir una perspectiva exterior que nos ubica en un plano necesariamente crítico o enjuiciador del todo estructural. Hemos de pensar normativa y éticamente.

Esto último quiere decir que el estudioso de la escuela que intenta ser un intelectual orgánico en el sentido expresado por Gramsci, debe en el fondo moralizar. Es desde una voluntad que apuesta por unos valores concretos, desde la que se ejercita la crítica al todo económico-social. Pero además de esta normatividad conscientemente asumida (a diferencia de la normatividad inconscientemente asumida por el liberal) como nos vemos en la obligación de ampliar la mirada al todo estructural en sí, que incluye el elemento histórico. En este blog a menudo se ha relacionado el pensamiento más crítico con aquél que asume la historicidad de todo lo humano, su carácter abierto y temporal. No se trata de la fe en un progreso, que nos situaría en un marco metafísico injustificable filosóficamente, que sería un nuevo corsé ideológico puesto a la realidad, sino sencillamente de entender el dinamismo de lo humano como un dinamismo que no implica finalidades fuertes ni sentidos fijos en la marcha de la historia. Aquí, la reflexión de la primera Escuela de Frankfurt, de Adorno, creo que está presente en Apple y en el intento de pedagogía crítica que él y nosotros llevamos a cabo. Esta influencia de Adorno es en un punto filosófico de notable importancia y que se define con la aparente paradoja de hallar una “trascendencia inmanente”, que consiste en una orientación normativa que teniendo en cuenta las posibilidades implícitas en la actual configuración histórica (que incluye lo económico y lo social, así como lo biológico) pueda en efecto dotarnos del horizonte necesario para superar los bloqueos ideológicos y estructurales del presente. Es a lo que aspira Apple.

Apple insiste, por tanto, en partir de una comprensión global y profunda del presente, que pasa, evidentemente, por la historia. Es en esa comprensión del presente como podemos superarlo. De hecho, sus argumentaciones en el libro que estoy refiriendo son de varios tipos, pero uno importante es el abordaje del origen y el pasado de la institución escolar y del currículo. Esto entronca con una sensibilidad marxista con relación al pasado que ha construido a nuestro presente y, además, con el carácter conflictivo del “progreso”, de la marcha de la historia, frente a un modelo de la marcha lineal y ascendente que el pensamiento liberal-moderno parece ostentar. Se trata de oponer a la aparente asepsia de los planteamientos más liberales una concepción de la conciencia como espacio donde se refleja indirecta y a menudo compleja y oblicuamente, el poder y las dinámicas sociales, políticas y económicas de dominio. Desde esta última idea, dice Apple que la escuela es donde se internaliza la visión del mundo que requiere el universo de la economía capitalista y enfatiza el papel crucial de la escuela en este entramado. Como parte de esta conciencia que acaba interiorizándose está el currículo (lo aceptado como “conocimiento” en su contenido y forma). Es decir, para comprender por qué se enseña en la escuela lo que se enseña hay que relacionarlo con dinámicas de control social y poder. Todo lo cual implica una denuncia de lo que yo he llamado en este blog “hybris pedagógica”, consistente en la creencia de que sólo con políticas educativas se pueden emprender transformaciones de elementos centrales en nuestras sociedades. La escuela y el maestro, por muy buenos que sean en su trabajo y a veces justo por eso, no pueden cambiar las cosas a este nivel básico y hondo que hace falta.