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jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Educar es socializar?: Emile Durkheim



¿Qué es la educación? La respuesta de Durkheim es fundamentalmente la propia de un sociólogo, del primer sociólogo serio según Carlos Lerena, frente a las veleidades tanto de socialistas utópicos que pensaron y a su manera estudiaron las sociedades y, por otro lado, ese extraño burgués proletario que fue, en palabras de Lerena, Comte. Responder que la educación se explica a partir del estudio científico de las sociedades, desarrollando una rama de la sociología que habría de ser, decía Durkheim, la sociología de la educación, fue a todas luces positivo. Lerena lo recalca y yo, como él, muchas veces lo he pensado. Aunque suele ocurrir que a una hybris se replica con otra hybris, y que el sociólogo hace de su casa el templo del saber tanto como los individualistas rousseaunianos, saint-simonianos, proudhomianos, entendieron que sus procedimientos eran los adecuados. El sociólogo aporta, sin duda, un método (ciertamente, Durkheim no se ocupaba de cuestiones ontológicas, sino metodológicas, afirma Lerena en la pg. 413, aunque habría que estudiar la ontología que hay presupuesta en su forma de proceder) y una cura de humildad que yo en algún escrito referido al excelente papel que Bourdieu ha representado para la pedagogía, el buen servicio que le ha hecho, la calificara como “corrección materialista”. Porque el materialismo que aporta Durkheim como Bourdieu es el de mirar a una suerte de entidad que entienden no tanto de un modo reificado, como sustancia o ente, sino como vivo constituyente de lo que llamados sujeto, cuya producción se realiza poniendo en marcha dinámicas sociales. Dicha entidad es la sociedad, que en el siglo XIX se podía entender, en las discusiones pedagógicas y no pedagógicas, como un constructo, un leviatán que absorbe a los individuos o como, ya lo he dicho, un vivo constituyente. Este último fue el modo de verlo Durkheim que contrarrestó los fantasmagóricos subjetivismos y voluntarismos de la época y anteriores, pensemos por ejemplo en el contractualismo. Para Durkheim estudiar al hombre y preguntarse por el hombre es, como buen científico, conocer el qué del hombre. Y esto, si empleamos el método científico, la observación, la recolección de datos empíricos, sólo puede aspirar a hacerse de la sociedad, que es lo que vemos realmente, con la mirada del científico, lo que puede medirse. Así, la sociología de la educación es la ciencia de la educación por excelencia, en competencia, y hablo del siglo XIX, con la también incipiente psicología, que a juicio de Durkheim, es incapaz de ver lo auténticamente revelador, la causa, lo que nos explica debido a su miopía subjetivista. 

Al misticismo disfrazado de ciencia que atribuye Lerena a Ferrer cabe oponer, pues, la seriedad de Durkheim. Pero me ha parecido que exagera el peso de lo social, o más bien, parece que lo social está fagocitando algo que lo trasciende de algún modo. Tal vez sea su modo de proceder, su método, al que el propio Lerena explica que le precedía un cierto mundo burgués, unos prejuicios conservadores, de clase, que entran en oposición con la nítida tarea del científico. Hay en esto la hybris que ya he referido, en Durkheim bien claro y, me parece, también en el sociólogo Carlos Lerena. No podemos, creo, reducir todo a la sociología, a no ser que en ella quepa verdaderamente todo, es decir, haya cabida para ese cierto margen de libertad, de sobreponerse al propio medio social que, bien es cierto, hoy muchos sociólogos explican sociológicamente. Pero aunque la sociología llegue lejos y sirva mejor que la psicología a la ciencia de la educación o pedagogía (los dos nombres se empleaban en el siglo XIX pero tenían matices distintos, el uno más anglosajón y francés, y el otro alemán), hay que entender que no puede indagarse a sí misma, del mismo modo que la ciencia no puede mirarse bien a sí misma con los ojos de la ciencia. Hay que intentar modos de lograr una auténtica mirada exteriorizante, una epojé, que oriente, que retrate más o menos. Esto es lo que hace un Ignacio Ellacuría en sus análisis de la sociología de Durkheim que parece que le influyera mucho en su concepción de lo social, de la sociedad. Sería la rama de raigambre fenomenológica con la que Ellacuría conectó en la medida que fue discípulo de Zubiri y fuertemente influenciado por éste. Esa pretensión, sin embargo, ha debido a estas alturas (esto es ya uno de los principales tópicos de la actual filosofía) también hacerse humilde y probar formas de acceso inspiradas en la hermenéutica, en la lectura que se hace de aquello que también lo constituye a uno. Ellacuría apunta también a esto, por cierto, si nos fijamos en su concepción del sujeto-individuo en su relación constitutiva con la sociedad, cuyo carácter de cuerpo, de entidad, en el filósofo vasco salvadoreño sí está presente. La sociedad sería, según él, algo exterior y al tiempo interior, internalizado, y por tanto, materia y punto de partida previo a toda libertad y realización humana personal e histórica. 

Para Durkheim el individuo existe, ciertamente, pero gracias a una dinámica social que lo ha producido, frente a otras sociedades y otras épocas. Esto es como un tesoro que habría, según él, que preservar. El individuo no sería a priori histórico, sino al contrario, algo que es punto final, punto de llegada, posterior. Sería un producto de la sociedad entendida orgánicamente, por lo que no sería la clave el conflicto ni se vería con malos ojos la división social en clases, la división y especialización del trabajo. Lejos de cuestionarla y de, como Marx, aspirar a la futura unidad del hombre multidimensional, para Durkheim hemos llegado justo a algo bueno, porque ha producido la autonomía y la personalidad fuertemente individualizada propia de los sujetos de nuestro tiempo (p. 401). De todos modos, nos recuerda Durkheim que sí hay conflictos, que nuestro mundo social no es todavía del todo orgánico, hasta el punto de que en su análisis del origen de las universidades medievales sitúa el conflicto entre clases. Este conflicto y luchas generalizadas dadas en el seno de las sociedades le sirve incluso para explicar las distintas pedagogías desde el Renacimiento, el surgimiento de diferentes corrientes pedagógicas en la historia europea. 
Dejemos para un próximo post una más detallada respuesta a la pregunta concreta por la educación en Durkheim, con la que hemos empezado el presente post, y a la valoración que Carlos Lerena hace de su posición en relación con el binomio que ha presidido la pedagogía desde la Edad Media.