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Roberto Bolaño, Los sinsabores del verdadero policía, ed. Anagrama. RESEÑA.

Roberto Bolaño, Los sinsabores del verdadero policía, ed. Anagrama. RESEÑA.

He terminado de leer Los sinsabores del verdadero policía, de Roberto Bolaño, ed. Anagrama. Uno de los casos de obras rescatadas de este genio que acabó su vida en la plenitud de su producción literaria, cuando podía haber dado mucho más. Muerto prematuramente en 2003, con unos cincuenta años y lleno de lucidez artística, es comprensible el afán por recuperar cualquier texto recuperable de la cuantiosa obra a medio acabar que dejó. Para empezar, su voluminoso 2666, que aunque muy perfilado y revisado, da la sensación de que faltaban páginas… a las más de 1000 de que finalmente consta esta novela publicada tras su muerte.
En Anagrama se han ido publicando otras obras menores, inacabadas, que dejan la sensación de que aun siendo textos geniales, podían haber sido mucho mejores. Es un error publicar como obra acabada una obra que el autor no ha considerado finalizada. El visto bueno final que da el autor es la gara…

Haikus (3)

HAIKUS (3)
La madreselva derrocha su perfume. Es mediodía.
¡Se ven las cumbres desde el último piso! Nadie en la calle.
En un cuaderno, sin pincel ni acuarela pinto mis haikus.
Se hundieron juntos los pétalos de rosa y las cenizas.
En el ensanche la rosa azul, el mirlo, bloques y bloques.
¡Qué enorme casa! La puerta de salida… ¿Quién la ha robado?

¡Las mandarinas dulces y apetecibles! ¿Y los limones?



La base

La base
Marcos Santos Gómez

“Finalmente, todo se ha hecho viejo”, dice a quien ha posado la cabeza sobre su hombro. El traqueteo del tren de cercanías, los sonidos metálicos como si alguien soplara en unos lisos tubos de acero, vástagos industriales de las flautas traveseras, son el universo. “Ahora – dice -, no hacemos más que repetir y repetir”.
Vagamente es capaz de entrever otro reino.
Su amigo ronca. “Tío, te has dormido” le susurra y le zarandea el hombro sin que su oponente de anoche en la rap battle, de nombre desconocido y todavía bastante pasado, que fue capaz de hilar las rimas más tenaces, haga siquiera amago de abrir los ojos. “Tengo en la mente tu base, la base del solo de piano”, y continúa su reflexión que todo el mundo oye, pero nadie escucha. “El Gordo Master tiene algo parecido, el de Málaga city, ese loco, jaja, el tema ese, ‘ya no te acuerdas’... pa mí que la copiaste de ese tema”. 

Cierra también los ojos. “¿Sabes? No imaginaba algo así en el rap español, son viejos, …

Fernando Rodríguez-Izquierdo, El haiku japonés. Historia y traducción. Ed. Hiperión (edición primera 1972). RESEÑA

Fernando Rodríguez-Izquierdo, El haiku japonés. Historia y traducción. Ed. Hiperión (edición primera 1972). RESEÑA
Marcos Santos Gómez

Terminé de leer, hace tiempo, El haiku japonés. Historia y traducción, de F. Rodríguez-Izquierdo, uno de los principales traductores y divulgadores de textos y cultura japonesa clásica y contemporánea. Un libro ya reconocido de sobra, que ha reeditado hace poco la editorial Hiperión. Y he leído algunos más, como Aware, de Vicente Haya y un constante transitar haikus y tankas en las mejores ediciones y traducciones directas del japonés que ya va habiendo, amén de algún fraude, como una supuesta primera edición en español de toda la obra del gran Bashoo, que, y mira que me despertaba mis sospechas, comprobé en casa que está traducida de terceras lenguas, como el portugués, donde sí existen traducciones de la obra completa de Bashoo a partir del original en lengua japonesa. Esto es, cuando menos, una chapuza. Pero, como señala Carlos Rubio, uno de los grand…

HAIKUS (2)

HAIKUS (2)

Viento de otoño. Bebo más agua helada, aunque hace frío.
En la cantina el rojo atardecer beben callados.
Júbilo en sueños: de nuevo las cigüeñas de la vigilia.
Claro en las nubes; con un pincel se doran verdes y azules.
En el café, entre charol y tacones, vagan palomas.
Senda de Basho: entre escombros y pinos, haikus y sombras.
Marcos Santos

Western III: Sin perdón.

Western III: Sin perdón.


Yo vivía feliz criando cerdos. Sí, era feliz. Quise ganarme así el sustento, para mí y mis dos hijos; y a no dudar que erauna vida decente. Corría tras los puercos y los agarraba abrazando con firmeza susobesos cuerpos grasientos, hasta sentir cómo me pinchabancomo alambres los pelosque apenas cubren su piel desnuda. Aprendí a agotarlos mientras trataban de zafarse, e hicieran lo que hicieran, no los soltaba. A veces llegaban a morderme. Eran cerdos grises y azulados,criados con mucho empeño. Pero no podía impedir que revolcado una vez tras otra por el barro y sus heces, por mucho que los detuviera,hasta los lechones se rierande mí.Fingía ignorar susburlas,los asía con gran saña y tarde o temprano vencía mi tenacidad. Cuando lograba inmovilizarlos mis hijos les anudaban la soga en el pescuezo y ya así atados, podía hacer que volvieran sumisos a la pocilga. Sí, ocurría así cuando se escapaban al recinto valladodonde pastabael jamelgo que no acerté nunca a montar…

Haikus (1)

HAIKUS


Flor del almendro; el mundo entumecido se despereza.

Tarde estival. Bullicio de vencejos, calma en el cielo.

Vuelve el calor. ¡Qué bello el abanico que me refresca!

De nuevo abril. Esta broma del tiempo me reconforta.

Lo porvenir: niebla en el horizonte. ¡Solo esta mosca!

Un paso en falso; el cielo se despeja, tarda el otoño.

Luna de sangre, estropicio en el cielo. No lejos, Marte.

Marion Poschmann, Las islas de los pinos, ed. Hoja de Lata, traducción de Santiago Martín Arnedo. RESEÑA.

Marion Poschmann, Las islas de los pinos, ed. Hoja de Lata, traducción de Santiago Martín Arnedo. RESEÑA.

He finalizado la lectura de Las islas de los pinos, de Marion Poschmann, en la reciente edición de Hoja de lata, que cuenta con la traducción de mi amigo Santiago Martín Arnedo. Se trata de una novela que teje una sencilla historia a partir de brillos y sombras del Japón. En ella hay un encuentro, por parte de un profesor alemán que viaja por el mero impulso de su frustración vital y profesional, con elementos de la cultura japonesa tan concretos y grotescos como lo pueden ser las moscas que revolotean pesadamente cerca de nuestro acalorado rostro; lo cual, sin embargo, aborda la mística tradicional insistiendo en hacernos creer que esa mosca no existe.
Las cosas nos sabotean. Por eso, lo que el germánico profesor aguardaba como un bello y trascendente paisaje en el admirado Japón, aparece negado por grandes construcciones de hormigón, modernos trenes o la luminosa y descomunal Toki…

Teoría de Gibraltar y La Línea (I)